El auto acelero de manera violenta por las angostas calles de Florencia, Ludmila como pudo zafó su tacón de suela roja para poder manejar con más libertad. Rápidamente con una mano libre palmeo su cuerpo buscando su teléfono, una bala de grueso calibre se quedó trabada en el vidrio de la parte trasera, al mirarla buscar el teléfono Leisel imito su acción encontrando el suyo. —Llámale a alguien de la mansión—Dijo intentando mantener la calma, no era la primera vez que pasaba por aquello, pero siempre era un reto mantener la calma, el cuerpo reaccionaba instintivamente ante el peligro y era una completa faena mantener el control de los sentimientos y no enloquecer. Con sus dedos temblando sobre el teléfono marcó el número de Lucían. El teléfono del italiano vibro sobre el lavabo, Lucían ca

