El cuerpo de Ludmila pesaba y el dolor de su vientre parecía haberse incrementado, a su lado Leisel dormitaba aun, la cabeza le martillaba debido al fuerte impacto que había recibido para hacerla dormir, la habitación era oscura, había un marcado olor a humedad, sin saberlo se encontraba sumergida en uno de los muchos sótanos de la mansión Contti. Presionó su herida con la mano y noto que había dejado de sangrar, pero el cristal seguía allí, enterrado en su vientre y ahora parecía que con mucha más profundidad. Sus manos estaban fuertemente sujetadas por las partes de las muñecas con gruesas cadenas que le cortaban la circulación de la sangre y hacia sentir sus brazos casi anestesiados y con dolor, a diferencia de ella, Leisel estaba sin amarras. —Leisel—La llamó, intentando tocar su vest

