Cuando las mujeres regresaron la alemana encontró cómodamente sentado contra los cojines a Leonard, al mirarlo casi se muere del susto, pero rápidamente se recuperó para poder atenderlo y preguntarle que lo había llevado a su habitación. El hombre la miró con severidad. —Quiero preguntarte algo Leisel—Entonces ella sintió como si le dieran un golpe en el abdomen temiendo lo peor, aquella característica sensación de culpabilidad, aquella que nos hacía pensar que todos conocían nuestros bajos secretos. —Adelante. —¿Has pensado en lo que harás de ahora en adelante en esta casa? —Preguntó seriamente cruzándose de brazos y haciendo a un más prominentes sus marcados y grandes pectorales a través de su ropa, habían salido por lo que una camisa blanca de lino cubría su torso, una corbata floja

