Tyler.
Soy un idiota, que digo idiota. Un imbécil, ¿cómo pude expresarme así? Ya tenía en mi conciencia el trato que le había dado frente a los pasajeros y sus compañeros y ahora vengo y le hago esta nueva humillación, ¿pero en qué demonios estabas pensando, Tyler?
Me comporté como un patán, un demente y tiene toda la razón de odiarme… no sé explicar el vacío que siento en mi pecho al pensar en esa palabra, “odio”, pero más porque venga de ella.
No la defendí de las palabras malintencionadas de Ana, y ahora Alessia me odia… me detesta y me siento fatal. Luego de que ella se marchara, me fui con el rabo entre las piernas, y con las miradas sobre mí; de mi amigo y de Linda, qué vergüenza siento.
Me metí en mi habitación y busqué una botella de whisky. No soy de beber, pero lo necesito. Espero que me haga olvidar un poco mi comportamiento.
No sé cuántas horas llevo bebiendo, solo sé que cuando observé hacia la cama de Efraín él ya había llegado, ni siquiera me habló… si él está así, no quiero imaginarme cómo se sienten las chicas. Jamás le he faltado el respeto a nadie y menos a mis empleados o compañeros y hoy hasta a Efraín le fallé.
Decido dejar de beber, me meto en la amplia ducha que hay en la habitación, me doy un baño de agua fría para sacar un poco la rabia y frustración que siento, pero es imposible.
Salgo y, cuando voy a caminar hacia mi maleta para sacar algunas prendas de vestir, ya Efraín está sentado en su cama. Observo el reloj y son las 5 de la mañana, estoy tan loco que ni me di cuenta de que faltan 3 horas para que salga nuestro vuelo, y no he descansado nada.
Efraín me observó, y yo iba a hablar, pero él me interrumpió.
— No digas nada, Tyler, creo que ya abriste tu boca lo suficiente, lo malo es que fue para ofender y maltratar a personas que no tenemos la culpa de tu frustración. —me mira con evidente molestia—. Nunca pensé que pusieras por delante de todos a esa estúpida de Ana.
— Lo siento… estoy muy arrepentido, no sé qué me pasó… yo… Me equivoqué, ¿ok? — me mira con rabia. — Yo no quería tratarlos así…
— Mira, Tyler, no sé ni entiendo qué te pasó, lo que sí sé es que yo puedo tratar de entenderte: estás en un matrimonio que te está volviendo un amargado, e intolerante hombre. —golpe bajo — Pero… aquí solo tú, Linda, y yo sabemos que estás casado. — hace una pausa —. Y también sabes que esa Ana quiere acostarse contigo, no es tu prima legítima, y se hace pasar por amiga de Melanie, y lo sabes.
— Si lo sé… pero es que no sé qué me pasó… yo… sentí algo en el pecho cuando la vi llegar junto a ti sonriente… — me hizo callar.
— Espera un momento… ¿A quién te refieres? ¿A Alessia? ¿Te gusta Alessia? — desvié mi mirada hacia otro lado — El arrogante, e impenetrable, odioso y hombre casado, ¿está impresionado por la pelinegra hermosa llamada Alessia? —no lo culpo por sus palabras — Guao, ahora entiendo tu desplante, pero no te apoyo, eres un idiota ¿cómo vas a pensar que tengo algo con ella? Es hermosa, lo sé… pero hay una pelirroja que me trae de cabeza…
— Espera un momento, ¿me estás diciendo que te gusta, Linda?
— Me voy a duchar, hablamos luego, además estoy molesto contigo. Y todavía tienes que arreglar la cagada que acabas de poner ante Alessia, la tienes difícil, y más porque… estás casado.
— ¿Crees que no lo sé? Ya Efraín deja de torturarme. Ve a ducharte y déjame en paz, ya bastante mal me siento, pero no por Melanie porque no la amo, sino por Alessia. Dios, qué idiota fui, ella… tiene algo que me atrae y mucho.
— Ahora, si me voy, estás hecho un lío, te compadecería, pero no, después de lo que hiciste, no lo haré. — iba a responderle, pero salió corriendo a encerrarse en el baño, al oír sonar mi teléfono, ya me la pagarás.
Camino hacia mi teléfono y cuando veo quién es… se me revuelve la bilis. Dios, ¿qué quiere ahora esta mujer? Respondo, pero con mi voz denotando molestia.
— Hola, ¿en qué puedo ayudarte, Ana? — me irrita tanto esta mujer, y la verdad no entiendo por qué traté así a Alessia por Ana — yo, si sé estúpido porque estabas celoso, me reprende mi conciencia.
— Tyler, cariño… digo primo, fíjate que termine antes las actividades que tenía que hacer aquí en Brasil y ya debo volver. ¿Habrá boleto en tu viaje? Me encantaría devolverme contigo.
— En primer lugar, no te devuelves conmigo, sino como pasajera, —me molesta su zalamería —, Y en segundo lugar creo que sí, pero no te aseguro nada. Te llamaré en cuanto sepa algo. — me interrumpió.
— Tyler, de hecho… estoy revisando en la aerolínea y si hay puesto… solo que no está en primera clase, pero tú podrías… — la interrumpí porque ya sé por dónde venía la cosa, no la quiero cerca de mí.
— Lo siento, Ana, pero la zona de primera clase está llena, y no puedo hacer nada… así que si quieres irte en mi vuelo deberás ir en el asiento que te toque. ¿Estamos claros? No moveré a nadie de su puesto.
— Pero Tyler, yo… — la volví a interrumpir.
— Ana, no insistas si quieres viajar hoy, el vuelo sale en dos horas y media, y si no espera el próximo vuelo. Ah, y si piensas viajar, cuidado con volver a meterte con los miembr*s de mi tripulación porque no te lo dejaré pasar nuevamente.
Colgué la llamada sin esperar respuesta, ya me tiene harto, cree que soy estúpido, que no me doy cuenta de lo que hace, y lo peor es que Melanie confía en ella ciegamente.
Vuelve a sonar mi teléfono y no lo puedo creer. Ana, debe haber llamado a mi esposa, qué molestas son ambas. Contesto, ya estoy de mal humor.
— ¿Qué quieres, Melanie? ¿Qué? ¿Ya te llamó, Ana? — bufa, molesta.
— Sí, me acaba de llamar y me dijo que la trataste pésimo, y que le dijiste que no le conseguirías puesto en la zona… — la hice callar, ¿quién se cree para reclamarme o exigirme nada?
— ¡Sí! — exclamé molesto —. Le dije que se iría en el puesto que le toque, no moveré ni un dedo para darle otro lugar. ¿Estamos? Y que no se te olvide, TÚ Y YO NO SOMOS ESPOSOS REALES — le grito—. No tienes ningún derecho a exigirme ni a reclamar nada, ¿o se te olvida que tú aceptaste esto?
— Tyler… somos marido y mujer, y tengo mis derechos de esposa…
— Espera un momento, ¿qué dijiste? ¿Marido y mujer? —está loca definitivamente—. ¿Acaso estás loca?, escúchame bien Melanie. No te tomes atribuciones que no te competen, tú y yo no hemos ni nunca consumaremos este matrimonio, no hales mucho la cuerda porque está a nada de romperse. ¿Estamos? No me llames más.
Cuelgo la llamada sin esperar respuesta de ella, y cuando volteo, Efraín está mirándome boquiabierto, y me dice.
— Por favor… dime que no pagaremos los platos rotos… please. — sonrío de lado, por lo menos me sacó una sonrisa su estupidez.
— No, pero no me tientes… me voy a desayunar, te espero en el restaurante. — tomo mi llave de la habitación y salgo, ya hasta me dió hambre.
Entro al restaurante, muy bonito, por cierto, y lujoso, pero nada es más hermoso que unos ojos verdes intensos que están sonriendo con alguna tontería que le está contando Linda… Alessia es una mujer hermosa.
Sin darme cuenta, ya había caminado hacia donde ellas estaban, las observé, pero cuando los ojos de Alessia se cruzaron con los míos, lo vi… dolor, rabia, decepción… debo arreglar las cosas y lo intentaré.
— Buenos días, señoritas… — Alessia se iba a levantar para irse, pero le indiqué que no lo hiciera — No, Alessia, no tienes que irte, solo me acerqué para disculparme con ustedes, yo… Me equivoqué y lo siento mucho.
Alessia desvió la mirada, y sentí un vacío enorme al ella evitar mirarme. Oigo a Linda hablar.
—No se preocupe, señor Tyler, sé por todo lo que estará pasando, pero debe cuidar su lengua al hablar con nosotros…
— Pues habla por ti, Linda —ahora, si me mira—. En lo que a mí concierne, no tengo nada que hablar con usted, señor Tyler —. Alessia se levantó y caminó lejos de donde estábamos. Le hablé para evitar que se fuera.
— Alessia… espera…