Paloma Me desperté fresca como una lechuga; la noche anterior no tomé porque debía vigilar a Nicole. Bajé a desayunar y noté chupones en el cuello de Julio. Florencia se despertó molesta; ayer no quiso cenar y sigue enfadada conmigo. — No saben lo que hizo Juan ayer —comenta Julio divertido mientras come una tostada. — ¿Qué? —pregunté curiosa. — Manchó a la pesada de Fernanda de aceite. Reímos fuerte, solo de imaginarme a Fernanda sucia, ella odia la grasa. — ¿Qué hacía esa pesada en el taller? — Acompañó a Maya. — Ten cuidado, no tarda en llegar Darla. — Nuestra suegra. — Tuya, yo no tengo nada que ver con los Montiel. Julio ríe. —Te sigues muriendo por Diego. — No. —Niego con la cabeza. — Por eso estás amargada, porque no te hace caso. — No se metan en mi vida. — Y cómo

