Paloma El suave murmullo de la noche envolvía a Ximena mientras cerraba los ojos, rindiéndose al sueño reparador. Su agotamiento era evidente, marcado por cada paso que dio durante la agitada tarde, desafiando el caos desencadenado por el terremoto. El peso de la fatiga se reflejaba en su rostro sereno, como si la energía se hubiera agotado por completo. Sergio y Jessica, conscientes de la necesidad de descanso de Ximena, la dejaron bajo mi cuidado por un breve lapso. En ese momento, la atmósfera se volvió más tranquila a medida que los últimos invitados se retiraban, dejando una calma tensa después del tumulto. Luciano, con una expresión de preocupación y atención, se aproximó a nosotras. La luz tenue revelaba un gesto compasivo en su rostro mientras se dirigía a mí. —¿Quieres que la

