Paloma Escucho cada palabra que llena la habitación, pero mis intentos por moverme son en vano. La impotencia se mezcla con el deseo de participar en la vida que ha seguido su curso sin mí. Ximena ocupa mis pensamientos, la incertidumbre sobre cuánto tiempo he estado aquí me consume. La voz de tía Clara resuena, narrando travesuras de su infancia y comparándolas con las de Ximena. Mientras escucho, un esfuerzo monumental para abrir los ojos se ve frustrado. Mi cuerpo permanece inmóvil, atrapado en la cárcel de la parálisis, solo capaz de controlar mis pensamientos. Diego Estoy jugando en el patio con Ximena. Solo por ella juego con muñecas; lo gracioso es que la muñeca es más alta que ella. — Papapa — dice con su vocecita dulce. Todavía no sé si se refiere a mí o a la comida. Llega

