EMILIA Me duelen los ojos, tengo dolor de cabeza, un dolor molesto en todo mi cuerpo y hambre, mucha hambre. Pero por sobre todo, tengo ganas de acabar con cierto maldito pedazo de escoria humana que anoche no me dejó dormir en paz con sus insistentes llamadas y mensajes de advertencia. Como si me importarán sus amenazas... Si supiera lo que le conviene no vendría tras de mi, soy peor de lo que él pueda imaginar o de lo que vio ese día. Soy muchísimo pero, el mismo diablo es mi discípulo... Niego con la cabeza y acomodó mi cansado cuerpo en el enorme sillón que tenemos en nuestro departamento analizando que debo hacer. No puedo quedarme de brazos cruzados a la espera de que él aparezca, quizás si me muestro en algún lugar que sea lo suficientemente público para hacerlo aparecer

