Ester. Ese día llegué al departamento de Adam, mi novio, un par de horas antes de lo previsto. Había terminado pronto con las compras de sus regalos de cumpleaños, y como estaba cerca decidí que qué mejor regalo que mi persona. Como ya llevábamos dos años de novios la confianza que había entre nosotros era grande, por eso no era de extrañar que yo tuviera llaves de la puerta de su casa. Cuando entré a la sala de estar, dejando las bolsas de las compras en el suelo. Sentí todo muy silencioso. No se escuchaba el ruido de la tele que siempre estaba prendida, desde el amanecer hasta ya bien entrada la noche. Simplemente había un silencio absoluto. - O no se encuentra o está bañándose...- me dije para mí misma, observando como la TV se encontraba apagada. Por eso, pensando que seguramente se

