UN AMOR PERVERSO

2226 Palabras

CAPÍTULO XXXVI —Aidán – le llamó Selene desde lo alto de la escalera. El corazón se le detuvo, el habla se le fue, ahí estaba ella con los ojos hinchados de tanto llorar, nunca debió haber mostrado sus sentimientos ante ella. Con su amor solo le hacía daño. Cuando él fijó sus oscuros ojos en los de ella, el deseo por correr hacia él y aliviar su tormento fue instantáneo. Selene cerró los ojos y se aferró al barandal de la escalera, para controlar aquellos instintos. El rostro de Aidán lucía cansado; evidentemente, al igual que a ella, sus sentimientos también lo atormentaban. ¿Cómo podían siquiera sentir aquello, cuando les causaba tanto dolor? —Está mal —señaló con un nudo en la garganta. —Tienes que escucharme, Selene, por favor — suplicó Aidán—. Nunca he querido lastimarte. —No h

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