CAPÍTULO XXXIX Sus miradas se conectaron como dos almas gemelas, sus ojos revelaban la profundidad de sus sentimientos, hipnotizados por la intensidad del momento. Extrañamente, todo el dolor y la angustia se esfumaron con verlo a los ojos. Aidán aliviaba su sufrimiento, la hacía sentir protegida y sobre todo amada, en su mirada solo había amor para ella. Aidán acercó su rostro al de Selene lentamente, moría por besarla de nuevo, por sentir sus labios, pese a que la cordura le pedía a gritos que se alejara de ella y la dejara vivir en paz. El amor que sentía por ella no podría ser; sin embargo, la forma en que Selene lo miraba, le decía con seguridad que ella sentía lo mismo, tal vez estaba equivocado; pero tenía que arriesgarse. Una vez que su rostro estaba a milímetros de él, acaric

