CAPÍTULO XL A la mañana siguiente, Selene todavía no se despertaba, cuando ya tenía noticias de Aidán. Tobías entró a su habitación cargando un enorme ramo de flores. Su amigo lo colocó con mucho cuidado sobre el tocador, antes de lanzarse a la cama, chillando de emoción. —¡Levántate!, ¡Mira lo que te enviaron! —Tobías saltaba sobre la cama como un niño pequeño. — Deja de saltar, por favor — pidió la joven mientras se incorporaba en la cama. — ¿Eso qué es? —preguntó su amigo, señalando él sacó de Aidán. Al momento de levantarse, Selene dejó una manga fuera de los edredones. —Baja de mi cama y pásame la tarjeta —le ordenó apresurada, dándose de topes mentalmente por su descuido. Su relación con Aidán, sea lo que fuera, no podía ni saberlo Tobías, no porque no confiara en él; pero h

