CAPÍTULO IX —Señorita Wexford—, Bill, el hombre que la había recibido, volvió a aparecer —permítame escoltarla hasta su oficina. —Por supuesto, dígame Bill, ¿cuál es la situación actual de la empresa? —preguntó directamente Selene. Bill esperó a entrar a la oficina de Selene, aquella que en algún momento perteneció a su padre, para responder. La oficina era espaciosa. Además del enorme escritorio y un elegante librero, ambos de caoba tallada, había una sala en color vino de piel, colocada a un costado de la oficina, y una mesa redonda de cristal al centro rodeada por varias sillas. —Señorita, señorita —la llamó varias veces Bill. Selene observaba pensativa cada detalle de aquella oficina, todo en ella mostraba algo sobre la personalidad de su padre. —Está tal cual su padre la dejó. S

