CAPÍTULO LII Un par de horas después, una ligera capa de sudor cubría la frente de Selene y un piquete de dolor recorría desde su cintura hasta clavarse en su vientre. Conforme avanzaba el tiempo, esa punzada se intensificaba. —Ya ha pasado mucho tiempo, deberíamos ponerle otra inyección—. Iván estaba desesperado, el miedo por ser atareados lo volvía ansioso. — Estas cosas toman tiempo, Iván — afirmó Sofía —. Aunque ya está comenzando, ¿verdad, querida?— Sofía limpió las gotas de sudor que rodaban por el rostro de Selene. La respiración de Selene comenzó a agitarse conforme las contracciones se volvían más fuertes y constantes. Apretaba la camilla tan fuerte que sus nudillos se volvían blancos. Rezaba para que Aídan la encontrara antes de que aquel par de malvados llevarán a cabo su p

