CAPÍTULO XLII De manera apresurada, Selene se puso de pie, se dirigió a su closet, tomó unos jeans, una playera de cuello redondo, se colocó unos botines sin tacón, y salió de su habitación. Ya no habría nada que la detuviera para tomar la felicidad en sus manos, se escuchaba mal, acababa de terminar con Oliver y ya corría a los brazos de alguien más; pero ¿qué más podría hacer? ¿Negarse a ser feliz?, ¿Ignorar el llamado de ese amor?, que le pedía a gritos, se entregara a él. Para cuando llegó al edificio donde Aidán reside, ya era tarde; pero el tiempo y la frialdad de esa noche no le importaron. Se presentó a la puerta del departamento del joven Wexford y llamó a la puerta con ímpetu, una vez tras otra. Este aparece con semblante adormilado, llevaba puesto un pantalón y playera de pi

