CAPITULO XLIII Cuando Aidán y Selene decidieron darle una oportunidad a su amor se olvidaron de cierto detalle de gran importancia y del cual Selene se dio cuenta justo en el momento en el que al salir de su oficina se encontró a Aidán, el hombre que conocía a la perfección cada lunar de su cuerpo, junto a Eva, de la mano, como si fueran la pareja perfecta. Selene estaba tan concentrada en lo que su corazón sentía por Aidán, en no engañar a Oliver que jamás reparó en el momento hecho de que Aidán no solo tenía novia, estaba comprometido. —Hola, Selene —saludó Eva pegándose más a Aidán. La joven sintió cómo la bilis le llegaba hasta la garganta. —Eva, Aidán —saludó sin ánimos, mientras se dirigía al elevador. Para colmo de males, ellos también subieron al ascensor. Selene maldijo su

