CAPITULO XLIV Cuando Selene despertó, ya había anochecido. — Mamá —la llamó en cuanto abrió los ojos. —Aquí estoy, cariño —respondió ella dulcemente. —¿Qué horas es? —Quiso saber la joven. —Ya casi la medianoche —informó su madre. —Es muy tarde, ¿por qué sigues despierta? —Estaba cuidándote… —Mamá, no es necesario, ve a descansar —dijo ella, conmovida por las atenciones de su madre. —Eres, mi pequeña, como no habría de hacerlo, además, no he estado sola, alguien que vino a verte me ha hecho compañía —anunció su madre. —¿A verme?, ¿quién? — preguntó confundida, nadie sabía que estaba ahí. —Está afuera —dijo su madre sonriendo levemente—. Ve, te está esperando —la animó. Confundida, se puso de pie y caminó hasta la salida que daba al jardín trasero. Ahí, recargado sobre el bara

