Observando como el fuego ante él comenzaba a disminuir debido a la falta de leña en la chimenea, Cael intercambió su mirada al pequeño cuerpo desnudo que descansaba a horcajadas sobre su regazo, siendo rodeados por sus brazos y cubierto con una manta que había cogido del respaldo. Intentando observar el rostro de su pareja, el cual se escondía en la curvatura de su cuello, Cael se quedó quieto cuando Dylan emitió un pequeño ruidito quejoso desde su garganta antes de acurrucarse aún más contra él, abrasándole con fuerza con sus extremidades para luego soltar un suspiro feliz, relajando su cuerpo al no ver más movimiento. Exhalando el aliento que ni siquiera sabía en qué momento había contenido, el lobo alfa subió más la manta en el cuerpo de su pareja y luego, cuidadosamente, lo trasladó

