MARIANA "Feliz Navidad, Ogro." Las palabras salieron con todo el veneno que me quedaba, azoté la puerta del Mercedes y el sonido fue satisfactorio, y luego corrí, corrí como si el diablo (uno muy guapo, en camisa blanca y tirantes) me persiguiera. Me quité los tacones asesinos en el lobby desierto, sin importarme el frío del mármol bajo mis medias, el conserje de noche ni siquiera levantó la vista de su periódico. Subí en el elevador, mis manos temblaban tanto que apenas pude presionar el botón de mi piso, mi reflejo en el espejo del elevador era una película de terror, el moño elegante que Damián me hizo era una maraña de pelos sueltos, el maquillaje, impecable horas antes, ahora era un desastre de ojos ahumados corridos y... y mis labios. Toqué mis labios, estaban hinchados, rojos y

