MARIANA Abrí los ojos con el corazón acelerado, no por la alarma, sino por el miedo. Eran las 7:00 AM del 26 de diciembre. Frente a mí, en la mesa de centro de mi sala, descansaba el arma del crimen: una carpeta negra, gruesa y perfectamente encuadernada. Reporte de Estrategia: Tokio 2026. No había tiempo para lamerse las heridas, ni para compadecerse de las ojeras que me llegaban al suelo, ni para agradecerle a Damián y Val, que dormían desmayados en los sillones como soldados caídos, tenía una hora para convertirme en la mujer que Alejandro Montenegro no podría destruir. Me metí a la ducha helada porque necesitaba despertar, necesitaba que la adrenalina reemplazara a las cuatro horas de sueño que había logrado robarle a la noche. Frente al espejo, no vi a Mariana, vi a una ejecuti

