Capítulo 2: Voz

1988 Palabras
Narra Jane: No creo haber visto la luz del sol por lo menos en los últimos cinco días, no había salido de allí ya que seguía leyendo, releyendo o haciendo experimentos con el collar había algo que me faltaba, algo que no lograba descifrar. —Jane, tienes comer. —Escuché la voz de Gabe que me reclamaba desde la escalera. —He comido —contesté mientras seguía escribiendo apuntes en mi grimorio. No dijo nada y subió. Sabía que se sentía frustrada, pero en cuanto pudiera terminar el collar entendería por qué no le había querido decir nada. Mientras escribía tuve una leve visualización de Alister, Lilith, Raziel y Michael viniendo a vernos. Me paré de inmediato y subí las escaleras corriendo. —¿Cuál es el milagro que saliste? —Preguntó molesta Gabe que comía Lasaña en la mesa y a su lado estaba Petra que me movía la cola. —Vienen mis tíos, Raziel y Michael —informé y abrió los ojos con sorpresa. —¿Crees que tengan información? —Interrogó. —No lo sé, pero se los podremos preguntar ahora —y abrí la puerta. Allí estaba los cuatro, Alister estaba a punto de tocar y el resto con cara de sorpresa. —Veo que has mejorado tus habilidades, —comentó Alister y saludó con un beso en la mejilla. —Te he echado de menos, —avanzó Lilith envolviéndome en un abrazo cálido. Se había cortado un poco su cabello rojo, pero seguía siendo dulce y de cierta manera ese contacto físico del cual había escaseado mucho en el último tiempo me hizo sentir mejor y hasta un poco más humana. Michael se había dejado crecer un poco el cabello, pero seguía siendo corto y de tono muy rubio, sus ojos azul oscuro se posaron en mí y me dedicó una sonrisa como saludo. Raziel se había quedado atrás y sus ojos verde claros me miraban con atención, avanzó y besó mi mejilla con más detenimiento del que debería. —Hola Raziel —susurré. —Hola —susurró en mi oído y manos fueron a mi cintura dándome un abrazo. Estaba mucho más cálido que desde que lo vi la última vez, el cambio le había afectado. —¿Cómo está tu espalda? —Pregunté. Las heridas que dejaban en la piel el cambio de alas de blanco al n***o en la espalda era casi parecido al de sacárselas. —Mejor —dijo mientras se separa. —Qué bueno —le sonreí y fuimos a la sala principal. Nos sentamos todos repartidos en los sillones y yo me senté en uno individual. —¿Algo para tomar? —Ofreció Gabe. —Estamos bien, además no tenemos mucho tiempo, pero gracias, —se disculpó Lilith. —Vamos al punto, —dijo Michael. —Uno de nuestros hermanos me dijo que la investigación sobre buscar a Amon y al ángel que escaparon no ha tenido ningún avance. Gabe bufó. Miguel “el perfecto” no había podido avanzar, creo que hasta a mí me daba risa. —Además que Dios no ha estado mucho en el cielo, se mantiene en la tierra pero no saben porque, el cielo esta alborotado porque las alas de los ángeles siguen tomando color más intenso —comentó Raziel muy serio. —La guerra viene, pero, ¿contra qué? —Dijo Gabe tomándose el mentón. La guerra contra un enemigo invisible, los ángeles la tienen difícil. —¿Algo sobre el libro? —Pregunté. Raziel y Michael compartieron una mirada cómplice. —¿Qué están pesando? —Interrogó Gabe. —El cielo está en caos, no creo que tengamos una oportunidad mejor para poder robar el libro —dijo Michael. El silencio y reflexión invadió la sala. Realmente era la mejor oportunidad que tendríamos, Dios fuera y la biblioteca angelical vacía sin Raziel. —Bien, iré —anunció Gabe seria. —Es peligroso —advertí nerviosa, alguna parte de mí esperaba que Gabe dijera que no por su bien, pero gran parte sabía que lo haría como yo también hubiera decidido. —Lo sé. Vino a mi mente una imagen de Lucifer en la puerta y me puse alerta al instante. —Viene Lucifer —avisé. —Nos tenemos que ir ahora —apuró Alister. Todos se pararon y salieron por la puerta, con Gabe los seguimos hasta el jardín y allí Alister abrió un portal tan solo con mover la mano en forma circular. Comenzaron a pasar por el portal hasta que Raziel se detuvo unos segundos y me dedicó una mirada sobre su hombro. No supe con exactitud saber el significado de aquella mirada pero avanzó rápidamente perdiéndose con los otros. Pasaron unos minutos y Petra comenzó a ladrar junto mí. Apareció Lucifer siempre de n***o completamente y afeitado junto con Dios que iba personificado en una chica afroamericana de unos diecisiete años. —Buenos tardes chicas —saludó Dios. Lo miré extrañada, ¿acaso después de no vernos en un tiempo nos saluda con educación? —Hola chicas —saludó Lucifer con su típica sonrisa encantadora. —Hola —respondimos al unísono. —Gabe quiero hablar contigo a solas —comunicó Dios con una sonrisa. ¿Qué está pasando? —Jane ven vamos a pasear —me invitó Lucifer y llamó a Petra quien fue enseguida mientras movía la cola con alegría, traidora. Miré a Gabe quien asintió con la cabeza y entró a la casa seguida de Dios. —Tienen muchas cosas que hablar así que tendremos tiempo para por fin pasear por tu patio trasero si quieres, —sugirió Lucifer que se acercaba y me ofreció su brazo. Lo acepté y caminamos hacia la parte trasera de la casa seguidos por Petra que corría a rienda suelta. —¿Cómo has estado Luci? —Pregunté con real interés, después de todo había algo que me agradaba en él. —Bien, demonios por allí por allá, aunque no se sepa el infierno también se está preparado para la guerra, solo que no se sabe contra qué y esa es la parte más difícil —comentó aunque ya sabía esa parte. Nos metimos entre los árboles frutales. —¿Cómo has manejado tus habilidades? —Preguntó dándose el tiempo de mirarme unos segundos. —Bien, además solo sé que puedo ver destellos del futuro, puedo controlar el fuego cuando me concentro y mi energía ha aumentado considerablemente, pero no ha pasado nada más —comenté lo que realmente sabía. —Es raro Jane, eres la hija de un duque del infierno, uno de los pecados capitales, la ira, no cualquier demonio ordinario, —dijo Lucifer que realmente sonada confuso. Nos quedamos un rato en silencio dejando el tema de lado y me senté sobre la hierba que estaba más alejada de la casa siguiéndome de cerca Lucifer. Cerré los ojos y pude ver como el sol se encendía en el horizonte. Realmente me hacía falta aire puro, calmaba mis pensamientos y los hacía más claros. —¿Cómo están ellos? —Pregunté en un intento débil que mi voz no se quebrara. Alex y sus jugueteos, sus bromas, sus palabras, sus abrazos, sus besos. Alex a pesar de no conocerlo mucho sabía que me lo había encontrado en todas mis vidas anteriores y era una compañía constante. Mordí mi labio inferior no permitiéndole tiritar y reteniendo las lágrimas. —Está bien, dentro de lo puede y no aporta en nada con la misión que tiene asignada —soltó una risa estrangulada. —Realmente lo entiendo y por ello no pretendo decirle nada, sé que sufre y no lo quiere admitir. No lo había podido ver desde hace meses, no quería aprovéchame de Petra y había desistido en verlo. —Extrañas a Sealtiel, ¿no es cierto? —En cuanto pronuncié su nombre su cuerpo se tensó y semblante cambió. —Como no tienes idea, aunque si disfruto visitarte porque me traes recuerdo a ella, —se dibujó una media sonrisa en su cara—. Ella tenía tú mismo espíritu, era frágil, por no decir fragilísima pero se hacía la fuerte ante todo, trataba de llevarlo como pudiera, lo hizo hasta el final. —Su voz al final se quebró y lo miré de inmediato. Quien iba pensar que algún día de mi mundana existencia vería al rey del infierno llorar, las lágrimas de sangre corrían por su cara. Solo pude pensar en abrazarlo, en sus ojos se podía ver cuánto la había amado, cuanto a él le gustaría muerto y no ella. Sollozó y eso rompió mi corazón de inmediato, estaba peor que yo, mis propias lágrimas comenzaron a correr por mi cara sin frenos.  Era como un baile continuo de dos almas rotas que se intentaban no desmoronar y se construían inútilmente una la otra. —No te preocupes, todo va cambiar dentro de poco Janie —murmuró, pero sonó como un decreto lanzado al universo con ansias de cumplirse. Narra Gabrielle: —¿Qué tenemos que hablar? —Pregunté dudosa. —Sobre varias cosas —solo dijo eso y se sentó en el sofá de en frente al mío con suma delicadeza. Levanté las cejas en señal que comenzara y así lo asumió. —Hay dos de tu hermanos más cercanos que cayeron hace poco, —hizo una pausa y suspiró—. Raziel y Michael, sé que eran cercanos. Me aguanté lo que más pude una carcajada y funcionó. —Qué lástima, eran excelentes ángeles, —dije con voz dolida lo mejor actuada que pude. Suspiró y siguió: —Sé que la última vez que nos vimos fui muy dura, pero estamos en crisis. El cielo y el infierno se están preparando para la guerra contra el ángel y el demonio que escapó, Lucifer me lo sugirió y la verdad es que encuentro elocuencia en sus palabras.  Lo miré un poco atónita, Dios jamás dudaba ni se dejaba influir por ideas externas. —No creo que un ángel y un demonio solos puedan empezar una guerra —comenté frunciendo el ceño. —Tal vez si tienen la ayuda correcta lo puedan hacer, —habló con tranquilidad. —No existe criatura que tenga más poder que ustedes juntos, —dije no entendiendo a que se refería. —Si hay una —su tono se hizo más serio—. No olvides que ellos están en su verdadera forma y no están limitados. —Pero dudo que tú no sepas si han concebido un hijo —miré atenta. Se notaba tensa además de que obviamente le preocupaba el hecho de que existiera una criatura más poderosa que él y Lucifer. —La ángel que escapó es Jofiel —mi pulso se detuvo unos segundos y luego entendí el miedo de ellos. Jofiel, una de los primeros ángeles en existir y también una de las más cercanas a Dios por sus dones. —Ahora entiendo cómo se liberaron del sello —susurré acariciando las palabras escritas en latín alrededor de mi antebrazo derecho. Todos ángeles y demonios teníamos un sello que se veía como un tatuaje para los humanos, los ángeles en el antebrazo derecho y los demonios en el izquierdo. Era una especie de freno que había creado Dios para que mantuviéramos nuestros poderes restringidos en la tierra y los únicos capaces de romperlos era Dios y Lucifer, pero Dios cuando creo a Jofiel le dio el don de la “voz”, un poder ilimitado para hacer decretos y así poder romper el sello, además que es el arcángel de la inteligencia también apodada la “luz de Dios”. —Puede que haya una posibilidad de que Jane tenga un medio hermano —dijo y mi cabeza no paraba de pensar en cómo se lo diría a Jane. Su padre estaba a punto de empezar una guerra y que cabía una gran posibilidad tenga un medio hermano que Dios ansiaba matar.
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