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Mano izquierda II: Dank

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oscuro
los opuestos se atraen
chico malo
chica mala
drama
bxg
tierra supernatura
de enemigos a amantes
sobrenatural
spiritual
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Descripción

Dank es la segunda entrega de la trilogía "Mano izquierda".

La mano izquierda de Lucifer, el tentador de humanos, el demonio con encanto de ángel, Dank.

Ha pasado más de un año desde la última vez que vieron a los demonios que les robaron el corazón. Gabrielle quien ha sido excluida del cielo por sus hermanos es más letal mientras Jane con sus nuevos poderes avanza poco a poco a ser una bruja muy poderosa. Las cosas jamás son lo que piensan, la guerra se acerca y el tablero de ajedrez está listo, ¿Quiénes son los reyes?

"Hay cosas que me importan más que mi vida..

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Capítulo 1: Noticia
Narra Gabrielle: Septiembre comenzó más frío que nunca siendo sus días grises y helados, pero escaseaba la lluvia. Mis botas resonaban en la acera del centro de la ciudad hasta que me detuve de golpe sin interrumpir el camino de nadie, un olor como a leche cortada me indicó la naturaleza de uno de mis persecutores. Doblé la esquina metiéndome a una calle menos transitada. Uno, dos, tres, cuatro. Cuatro pares de pasos me seguían alcancé a contar antes de darme media vuelta y encontrarme con dos chicas y dos chicos. —Bueno, queridos demonios, ¿qué es lo que quieren? —Sonreí con cinismo. —Venimos a vengar a nuestro hermano, —dijo uno con voz gutural. Demonios bajos, creo que había matado como una docena solo esta semana. —Yo en su lugar valoraría mi insignificante existencia y me iría. —Dije con tono aburrida. Ellos se miraron entre sí pero dieron un paso hacia adelante. Estaba cansada y una hamburguesa hecha por Jane me esperaba en casa, así que lo haría rápido. Sentí el peso de mis alas en la espalda y el metal caliente de mi espada caliente entre mis dedos. Di tres pasos mientras le cortaba la cabeza dos de ellos, los que quedaban aun con la cabeza en su lugar me miraron sorprendidos e inmóviles. —Uno, —conté cuando enterré mi espada en uno—. Dos, —susurré atravesando al otro en el hombro. Las llamas los consumieron dejándolos solo en cenizas. —Creo que has estado entrenando —escuché a mis espaldas ese aterciopelado tono de voz ya conocido. —Lucifer, —susurré dándome media vuelta. —Hola Gabrielle. —Saludó con una sonrisa torcida. No había visto a Lucifer desde hace meses, de hecho no había vuelto a ver ni a mis hermanos, ni a los demonios, ni a Dios de hace meses. —¿Cuál es el milagro que te apareciste? —Saqué de mi chaqueta un cigarrillo y lo prendí. Elevó las cejas con sorpresa y pronunció: —No sabía que estabas tomando las costumbres autodestructivas humanas. —Nos parecemos más a ellos de lo que queremos admitir, —solté con disgusto y encarné la ceja en su dirección. —Bueno, mi presencia aquí es porque necesitamos un pequeño trabajo consultoría con tu amiga por el caso que ya te imaginas. —Cruzó los brazos con seriedad. —¿Y por qué simplemente no fuiste a ella? —Pregunté con disgusto mientras le daba una calada al cigarrillo. —Porque tienen el amuleto y no sé en dónde están —respondió con rapidez. —Estamos en la casa de Jane, genio —comenté con una pequeña sonrisa que amenazó con salir. —Bien nos vemos allá —dijo desapareciendo en una bruma como siempre. Abrí mis alas y volé en dirección a casa. En la  puerta principal el Jazz resonaba con potencia, Jane debía estar estudiando. Al contrario de muchos genios, el silencio a Jane solo le servía para decirse que música poner a todo volumen. Entré y me dirigí directo al sótano de donde venía la música a volúmenes un poco explosivos. Abrí la puerta, allí estaba Jane con el cabello cortísimo concentrada con una grimorio a su lado y un collar delante de la mesa. Sus ojos se fijaron en mí al instante y bajó el volumen de la música al instante. —Gabe —suspiró. Sus ojeras eran bastantes notorias, había bajado unos kilos para nada saludables y sus manos estaban llenas de manchas negras. —Deberías dormir y comer, —comenté frunciendo el ceño—. ¿Y qué es esto?, ¿Mercurio? Asintió levemente. —¿Sabes que esta mierda es tóxica cierto? —Pregunté exasperada. —Vamos Gabe, soy mitad demonio, por lo menos me voy a morir cuando tenga cien o ciento cincuenta años. —Se movió y tomó una manta con la cual tapó su trabajo. En segundos se escuchó el timbre. —Tú y tu perfecta sincronía —comenté con media sonrisa. Jane había mejorado mucho sus habilidades sobrenaturales desde que supo quién era su padre. Tanto así que podía presentir algunas cosas que pasarían con unos pocos minutos de antelación incluyendo a Dios y Lucifer en su panorama. Subimos las escaleras y fuimos directo a la puerta principal. La abrimos y Lucifer estaba allí con cara de desagrado. —Sabes que odio que el ambiente de tu casa sea tan limpio. —Dirigió su mirada a Jane. —Lucifer que sorpresa más grata, —soltó Jane con una sonrisa muy actuada. —Pasa. Lucifer entró y todos nos dirigimos la sala principal. —¿Consultoría de qué? —Preguntó  Jane mientras servía tres vasos con jugo de frutilla. —De magia —respondió. —Como ya sabrás en el equipo que tenemos a cargo no hay ningún humano. —Pensaba que eran más inteligentes —solté con entretención, sin embargo Lucifer no respondió nada. —La verdad Gabe, pienso exactamente como tú —Concedió. —Es algo ridículo que Dios no haya puesto a ningún humano siendo que se están escondiendo con magia humana. —Bien, al grano —espetó Jane. —Tienen la ligera sospecha que tu tío Alister, la pareja de Lilith, está involucrado en esto —comentó. —No mantengo ningún tipo de contacto con ninguno —mintió. Nos habíamos estamos relacionando con ellos y los ángeles caídos desde que los conocimos, nos estaban ayudando a saber muchas cosas. —Bien eso era todo —se puso de pie de golpe. —Gabe, tú ya sabes quién te manda saludos y Jane he podido sentir a Petra en mis terrenos, —habló rápido. —No soporto más el aura de la casa, adiós un placer verlas. —Y salió casi corriendo. Nos miramos con confusión con Jane y luego soltamos una risa. Siempre que Lucifer ponía un pie en la casa se quería ir lo más rápido posible, aunque era raro que Dank y Alex cuando estuvieron aquí no parecían tan mal. Sentí un pequeño apretón en pecho al acodarme de ellos, casi había pasado un año desde que los habíamos visto, o por lo menos yo. Jane a través de Petra, su ya ahora adulta mascota, visitaba a Alex a veces aunque no siempre podía porque a Petra si le llevaba un desgaste físico que Jane por más ganas que quisiera no la arriesgaría así. —Tengo que seguir con mi experimento —comunicó Jane y bajó al sótano de nuevo. Ese vacío volvía de nuevo, cada vez Jane más lejos y me sentía impotente no poder alcanzarla. Narra Jane: Volví a mi casi habitación estos últimos días, tenía una luz tenue, un sillón largo morado y en medio una gran mesa de madera. Las paredes eran de color verde claro y estaba por todos lados lleno de libros o manuscritos que habitaban en mis cuatros estanterías grandes además de mi gran cajonera con mis materiales para hacer hechizos o pociones. Mi único fin de mi casi auto confinación era que a punto de lograr replicar el hechizo que Dios puso al colgante que habíamos tenido, así no podría saber qué ocurriría en nuestra casa y si lo podía manipular como tenía pensando, podríamos volver a ver a Dank y a Alex. Recuerdo sentir como si me sacaran el corazón y el rostro de Gabe deprimido, jamás había visto a Gabe mal. La única persona que podía determinar quién destruía a quien eran ellos, Dios no podía decirlo ni prohibirlo. Petra estaba durmiendo en una esquina de la habitación en donde tenía una pequeña estufa eléctrica ya que para ser septiembre estaba muy helado. Había crecido y ya estaba en su tamaño adulto. Me metí al baño que tenía contiguo a mi laboratorio e intenté sacar el mercurio de manos. En frente tenía un espejo por el cual vi pasar en frente de mí una mariposa negra. —¡Gabe! —Grité. Las mariposas siempre han sido las mensajeras del otro mundo, pero las con alas negras específicamente eran del infierno. Mi corazón comenzó a latir a mil y mi cuerpo tiritaba de emoción. Las pisoteadas de Gabe se hicieron presentes llegando más rápido de lo que pensaría. —Mira —indiqué con emoción. Sus ojos se enfocaron en la mariposa que revoloteaba alrededor mío y abrió su boca con sorpresa. Estiré mi dedo índice y ella se posó allí mordiendo, dejó una pequeña herida y se desvaneció en el aire. —Gabe tengo un pergamino sobre la silla de la esquina, —indiqué con rapidez. Ella rebuscó y dejo el pergamino extendido en una esquina de la mesa que estaba desocupada. Puse mi dedo sangrante sobre el pergamino, luego de unos segundos comenzó a expandirse y, comenzar a formar líneas y arcos. “La maldición de los ángeles y demonios el poderoso lanzó, y sin pronunciar sus nombres nos dejó, si sus nombres salen de nuestra boca él lo sabrá y consecuencias graves habrá.                                                                                 -Mano izquierda y derecha.” Lo releí una y otra vez hasta que lo entendí. —Es como la maldición de Lucifer con Sealtiel —comenté con amargura. —Si alguno nos nombra será como invocarlo, Dios aparecerá y si está con nosotras los matará. La sonrisa de decepción de Gabe lo decía todo, estaba comenzando el ciclo que una vez comenzó cuando Lucifer se enamoró de una de sus ángeles. Voy a terminar ese collar lo antes posible.   

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