La identidad de mi profesor

1595 Palabras

Narra Romina Metí el teléfono en el bolso y me quedé mirando el exterior de Empresa Calpules un momento más. La sede del conglomerado era un testimonio de su éxito e innovación. Era majestuosa, con su fachada de paneles de cristal brillando a la luz del sol. Todavía mirando la estructura de acero y cristal, mi corazón latía con fuerza, con una mezcla de emoción y nerviosismo. Bajé de la acera para cruzar la calle. Una bocina estridente me sacó de mi trance y, con un grito ahogado, me giré bruscamente para ver un auto a centímetros de mí. Un hombre con la cara roja asomó el torso por la ventana. —¿Qué demonios le pasa, señorita? ¿Tiene deseos de morir? —Lo siento mucho—dije, levantando las palmas de las manos. Luego me tambaleé el resto del camino sobre los zancos de mis tacones.

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