Narra Bianca Nunca pensé que llegaría el día en que estaría en la habitación de Alejandro, lista para dormir con él. Se quitó el pantalón y mis ojos comenzaron a vagar. ¡Menudo ejemplar masculino! Era injusto que alguien sentado detrás de un escritorio luciera tan bien. Medía un metro ochenta de puro músculo que se marcaba con cada movimiento. Nunca negué que fuera un hombre atractivo, pero era la primera vez que lo veía debajo de la ropa. Estaba tan fascinada por su belleza escultural que ni siquiera me di cuenta de que me estaba quitando lo que quedaba de mi ropa. El recuerdo de cómo empezamos a arrancarnos la ropa desde abajo me acaloró la cara. Era como si perdiera la noción de mí misma cada vez que él me tocaba. Me comporto de una manera tan diferente a la mía, tan reservada. —Me

