Narra Bianca —Quedémonos aquí para siempre. Estaba tan relajada que arrastraba las palabras y apenas podía moverme. El pecho cálido y firme detrás de mí y el brazo que me rodeaba la cintura eran la única razón por la que mi cuerpo laxo no se había hundido en el agua. Alejandro rio entre dientes; la vibración del sonido bajo me hacía sentir bien en la espalda. Se sentía tan bien. Me sentía bien relajándome en la enorme bañera con él. Los últimos días habían sido un sueño. No esperaba que quisiera pasar tanto tiempo juntos. Supuse que seguiríamos como antes... amigos que dormían juntos. En cambio, me había estado tratando como a una esposa . Disfrutaba de la atención porque pronto terminaría. —Podríamos quedarnos si no tuviera tantas ganas de llevarte a la cama. El seductor ronroneo en

