«Anoche». Marcelo abrió los ojos y se ahogó con el nudo que se le formó en la garganta al escuchar las palabras de su padre, Alessandra se apresuró para alcanzarle un vaso de agua, mientras Ricardo bebía de su taza de café con tranquilidad. —No llegaste anoche, ¿verdad? —preguntó, una vez recuperado. Marcelo no quería imaginarse a su padre escuchando lo que sucedía en su habitación, ¡era impensable! Iba a morirse de vergüenza si fuera el caso. Además, luego de la conversación que tuvieron, quedaría como un tonto, pues había negado su relación con Alessa. Ricardo se rio. —Haces un café muy rico, Alessandra, gracias, lo necesitaba luego de una noche de desvelo —dijo. Ella le sonrió, pues sabía muy bien que Ricardo no había llegado la noche anterior, sino esa misma mañana, muy temprano.

