Alessandra abrió los ojos cuando los rayos del sol se colaron entre las cortinas, se cubrió el rostro y sonrió. Su noche había sido… maravillosa, pues hicieron el amor hasta al amanecer. Su cuerpo estaba dolorido, pero era una sensación placentera, ella suspiró y estiró la mano para buscar el calor de Marcelo, pero, tal como la mañana anterior, ya no estaba a su lado. Ella giró el rostro y se encontró con una rosa roja y una pequeña nota en su lugar. “Buenos días, mi Dulce de maní, lamento no estar a tu lado para cuando despiertes, pero tengo un buen motivo. Te espero en la cocina, prometo no quemar el desayuno, ni causar un desastre en ella, mientras tanto, puedes darte un baño. Atentamente: Tu esclavo.” Alessandra sonrío y se mordió el labio, apartó las sábanas de su cuerpo y salió

