1989 -¿Aún no le has dicho a tu papá que fumas, verdad? –Espeté en la cocina de su casa, que daba salida al jardín. Era una tarde muy tranquila ese día, porque su madre se encontraba trabajando y su padre estaba en casa, en alguna parte del espacioso jardín que mantenía siempre con flores y árboles bien cuidados por él mismo. -No, y más vale que bajes la voz, puede escucharte. –murmuró. -Eventualmente algún día lo sabrá. Y se pondrá todo muy tenso. Tu papá no es del tipo que aprueba el cigarro. -Él no es del tipo que apruebe nada. –Repuso. -Pero tiene sus motivos. Tu abuela murió de un paro a causa del cigarro. –Suscité. -La abuela se pudo haber muerto de cualquier otro motivo. No explícitamente del cigarro. Eso dicen las personas que no fuman. –Dijo haciendo un mohín. En eso, su pad

