Después de aquella petición por parte de mi chica, pasamos toda la mañana disfrutando del deseo s****l. Jamás me canso de poseerla de mil y una formas. La manera que ella me hace desearla, me encanta tanto. Me encanta todo de ella y jamás me cansaré de repetirlo. Dejando todo eso atrás, ahora me encontraba en mi oficina, insultando de mil maneras a mis vendedores por manejarse tan mal y sin siquiera consultarme nada. Joder, estaba tan molesto de que terminaran matando a alguien. – ¿Tan difícil es seguir mis órdenes? –grito furioso mientras me levanto de mi silla. –Señor, en verdad seguimos sus órdenes, pero alguien más estuvo metiendo mano en el trabajo y no fue uno de nosotros -responde asustado uno de los vendedores mientras, con sus ojos, me pedía piedad. – ¿Cómo mierda permiten

