Si no fueras uno de mis mejores amigos, te hubiera matado en este mismo instante –digo mirándolo con una sonrisa. –Admite que te encanta que te llame amorcito –se burla Alex y ríe. Se levanta y va en dirección a mi cambiador. –No me gusta que me llames así –respondo mientras me levanto. Siento dolor en todo el cuerpo. – ¡Mis sentimientos, perra! –se hace el ofendido y luego comienza a sacar ropa del armario. –Deja de llorar, amorcito –digo estirándome y veo que solo llevo puesto un bóxer, pero no me importa en lo más mínimo. –Mmm, pero ¡qué cuerpo suculento, bebé! –dice lamiéndose los labios y ambos reímos. – ¿Qué ropa me elegiste? –pregunto, sentándome en el colchón y lo miro. Me muestra todo. La verdad es que no estaba nada mal lo que había elegido. –Nada mal –le elogio

