Día ocho: Reloj

275 Palabras
—Odio ese sonido, me distrae de mis pensamientos. Lo miro confundida sin saber a qué se refiere y miro en la misma dirección que él. —¿Te refieres a ese viejo reloj? —Sí, el sonido de las manecillas no me deja pensar con claridad. —¿Y qué requiere toda tu atención? —me siento junto a él en el mueble. —¿Recuerdas a la vecina de al frente? —La señora Margaret, ¿qué hay con ella? —Debemos deshacernos de ella. —¿Por qué lo haríamos? Ella no nos ha hecho nada. —Me vio cuando sepultaba el último cuerpo. —Estoy segura que no se lo dirá a nadie... —El tiempo no es mi mejor arma ahora. —¿Qué vamos hacer? —He notado que ella siempre deja la puerta abierta del patio, y la pared no es tan alta, así que intentaré subir y te abriré la puerta principal desde adentro, así haríamos creer a los demás que la estás visitando. —Pero me agrada ella, seguro que no hay... —No, no hay otra forma, y será esta misma noche a las doce. —¿Y su hija? —Siempre quisimos tener un hijo, ella podría ser nuestro comienzo —me coge de las manos-, ¿qué dices? —Está bien —le sonreí. Aunque no estaba de acuerdo con la idea, no podíamos arriesgarnos, de todas formas me aseguraría cuidar de su hija pequeña, no tiene porque saber quien es su verdadera madre, y sería nuestra gran oportunidad como padres. Todo saldría a la perfección y seríamos una familia feliz de nuevo.
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