"¡Mire las Escrituras, magistrado! ¡Le dicen que dicte una sentencia realmente castigadora antes de llegar a su predilección por la clemencia! Pero, ¿cómo puedo persuadirle para que declare culpables a más personas? Si yo, el humilde Albornoz, puedo resolver ese enigma, mi recompensa estará asegurada en el Cielo"Aquella noche, su sueño se interrumpió mientras sus pensamientos lidiaban con el dilema al que se enfrentaba, y se despertó temprano, todavía muy preocupado y sin respuesta. Entonces, como una revelación del Reino del Señor, llegó una estratagema, un camino a seguir. Sentado como un poseso en su cama, habló, con las cuatro paredes como único auditorio. "En todas las vistas a las que he asistido, los acusados han sido absueltos o condenados a una pena simbólica. Esto se debe a que

