Capítulo 1
Regan.
Podía ver como sus lagrimas se amontonaron en sus ojos, parpadeaba para espantarlas pero no me miraba a mi, estaba mirando detrás de mi.
A mi hermano.
Solte un suspiro, y agite la mano hacia ella, llamando su atención.
—Tengo que irme ya o perderé el avión— Keysi respiró hondo.
–Si, lo siento. Solo saber que ambos estarán en combate y en diferentes lados, me preocupa– alce la ceja.
¿Le preocupaba yo o mi hermano?
Sacudí la cabeza. Claro que él.
Siempre era Roy.
—Si, pero estaremos bien. Volveremos antes de que te des cuenta. No olvides enviarme esas largas cartas y llamarme.
Ella sonrió y asintió, me rodea con sus delgados brazos y el olor de su shampoo me inundó, llenándome de confort y tranquilidad a pesar de que me iba a un lugar lleno de hostiles.
Pero saber que ella estaba a salvo aquí, me mantenia tranquilo.
Se separó de mi cuando Roy se acercó a nosotros, trastabillo alejándose de mi y le sonrío.
Si, no fuera a pensar otra cosa. Rodé los ojos apretando la mandíbula y dándoles espacio.
—Ven aqui, linda, dame un abrazo— Roy la atrajo fuerte y ella se enganchó con sus piernas a sus caderas.
Sí, claro que lo extrañaría a él, es su casi algo, o lo que sea que sean.
Por que follaban pero no eran nada.
Y yo estaba perdidamente enamorado de ella desde que estábamos en la secundaria.
Pero Keysi siempre tuvo ojos solo para Roy.
Y yo, solo tenia ojos para ella.
—Bien, suerte hermano— me aleje de ellos dándole una palmada a mi hermano.
La milicia nos había hecho fríos y duros, sin tantas muestras de cariño. Pero esa competición de quien tenía la atención de Keysi, era sienore, aunque el único que luchará fuera yo.
El aeropuerto estaba lleno de todos nosotros, soldados, despidiendose y llorando con sus familias. Como aquella rubia de piernas largas, enfundada en unos jeans negros y deportivas, con una blusa de mangas largas arremangadas hasta los codos, que resaltaba sus pechos, su cabello iba sujetado en una coleta.
Frente a ella había dos niñas y una señora. Las niñas podrían tener como 6 años. Mientras me acercaba más, pude descubrir que eran gemelas.
—Es una tontería esto que estas haciendo, tu padre no hubiera querido que volvieras a ese lugar.
La rubia apretujó a una de las niñas contra su cintura.
—Esta bien mamá, regresaré, como las otras veces...
—Por favor, no te separes de tu hermano...– suplicó la señora.
Me aleje de ellas pasando por su lado, directo a abordar y finalmente dejar mi drama familiar.
No sabía si después de esta misión, volvería intacto. Pero si moría en combate, valdría la pena, y no sería con el corazón rotó.
O tal vez si.
De lo que estaba seguro era que, si volvía intacto, le diría lo que sentía a Keysi.
Y que dios me ayude.
No me importaba si estaba con mi hermano, solo quería que ella fuera consiente y no me fuera a morir con ese maldito pendiente. No iba a vagar por eso.
Me negaba a deambular entre la vida y la muerte, si acaso eso existía, por el simple hecho de tener eso pendiente.
No, señor.
*****
El sudor me caía de la frente, sentía como se deslizaba por mi espalda, el sol era abrasador.
Pero estaba a solo días de poder irme de aquí.
Intacto.
O eso esperaba.
—Capitán.
Me gire hacia Thomas, un soldado razo que tenía un montón de cartas en su mano.
El corazón me latió desbocado ante la anticipación de saber que ella había enviado una carta. Thomas me sonrió y me la entregó.
Volví a mi lugar donde estaba apoyado y abrí el sobre, inmediatamente su perfecta letra me hizo sonreír.
Keysi siemore me contaba sus días, me deseaba buena suerte y me rogaba que me cuidara mucho.
Y yo le decía cuanto la quería en cada carta que le escribía, aunque ella pensara que solo era como amigos.
La leí, y mientras sonreía y llegaba al final de la carta, mi sonrisa desapareció, y un enorme hueco se instaló en mi pecho.
Ella jodidamente se iba a casar, con mi hermano.
Roy debió de regresar antes.
Mire una y otra vez la carta, no podía creerlo.
Mire mi alrededor, a todos mis soldados llendo y viniendo de sus rondas y tareas, pero aunque sabía que estaban ahí, me sentía tan solo y vulnerable.
Pero sabía que esto pasaría en algún momento, con su relación no-relación, era de esperarse, mis padres lo sabían, nuestro hermano pequeño lo sabía.
Todos menos yo.
Pase las manos por mi cabello, no sabía que pensar o que diría al verla.
Tampoco estaba muy seguro de seguir queriendo contarle lo que sentía. Era mi hermano con quien se casaba.
Amo a mis hermanos, pero ahora mismo, solo quería desaparecer.
Pero no tendría mucho tiempo para pensar.
Por que esa noche, esa noche nos embarcaron y volamos de regreso a casa.
Y esa misma noche, perdí a mi mejor amigo.
****
Leyla.
Mi corazón latía desbocado, mientras corría a todo lo que podía.
Mis piernas ardían por el esfuerzo, mientras trataba de llegar a ese maldito almacén.
Al maldito almacén donde estaba mi hermano y todo su pelotón.
Joder, joder.
Mis pulmones dolían, sentía que en cualquier momento me iba a caer del agotamiento.
Llevaba un kilómetro corriendo.
Estábamos haciendo rondas mientras ellos se quedaban en la base improvisada.
Sabía que algo malo pasaría, lo presentí con papá, y ahora otra vez.
No. Me negaba.
Me lleve las manos a la cabeza cuando mire el fuego alzandose, el lugar hecho trizas y cuerpos desmembrados.
—No, no, no— murmuré por lo bajo, mientras miraba toda la destrucción.
Los pasos detrás de mi me dijeron que mis compañeros estaban acercándose.
—¡No!— grite dejándome caer en la tierra, golpeando el suelo una y otra vez.
Era imposible que haya sobrevivientes con una explosión de esa magnitud.
Grite y volví a gritar, mientras sentía los brazos de Burke, el Teniente Coronel se mi hermano.
—Levántate, tenemos que salir de inmediato aquí.
Jadee, grité y patalee, negándome a dejar a mi hermano ahí.
—¡No! ¡Suéltame!— pelee con el, hasta que me retuvieron otro brazos, grité grité sintiendo como mi garganta se resentía.
—¡Contengase, Capitán!— me ladro Burke, grité y grité. Nadie podría detenerme solo él.
Tenia el rostro lleno de tierra y lagrimas.
Pero el corazón vacío.
No supe que paso, solo se que me perdí en la oscuridad.
Me había desmayado.
No supe más, solo que había perdido a mi hermano mayor.