Regan. Mire con rostro estoico como la vida se escapaba de su cuerpo, volviéndolo más rígido y pálido. El monitor cardiaco mostro como su corazón daba sus últimos latidos, los números de su oxigeno disminuían hasta que solo quedo en cero. Los doctores detuvieron las compresiones, detuvieron todo por completo. Dejaron caer los brazos a lado de sus cuerpos, rendidos. —Hora de la muerte, 23:11 a.m.—declararon. Pusieron la sabana sobre su rostro y comenzaron a llevar el cuerpo al área de la morgue. Un cuerpo más en ese lugar. Perdiendo su vida y portando una simple etiqueta en su pie. Suspire y deje caer mis hombros. —Era un buen soldado—volteé mi cara y asentí. No tenía que decir. Simplemente no había palabras para describir aquel momento, nunca. —¿Te sientes mejor? ¿Pido más morfi

