Leyla. Dos semanas pasaron mientras me recuperaba. Otro poco y no la contaba, según lo que decía Regan. —¿Podremos ir a comer helado pronto? — sonreí divertida hacia Tara. La desesperación de no poder salir más que a la escuela, y con un séquito de protección cerca de ellas y un guardaespaldas encubierto en el interior del colegio, las tenía de malas. —Pronto cariño. Ya verás que el tiempo se pasará volando y estaremos comiendo helado en Misisipí. Tara soltó un suspiro demasiado dramático y se acurrucó contra mí. —Tranquila, hermana, Regan dijo que iríamos pronto— Al escuchar su nombre, mi corazón dio un brinco, me sonroje sin saber el porqué. Carraspeo y les sonrió avergonzada por mi actitud, a las niñas. Unos segundos después, la puerta de la habitación que nos habían asignado e

