Capítulo 4

1680 Palabras
Regan. Habían pasado dos semanas desde el funeral de Liam. Y la boda de Keysi y Roy era en 8 meses. Mi próxima misión estaba por empezar y ya quería largarme de aquí. —¿Tú sabias sobre eso?— le pregunto a mi madre, ella frunce el ceño y niega. —Solo me pidió el anillo y no supe que paso después. Ahora veo que lo volvió a dar como si fuera un simple caramelo— sacudió la cabeza decepcionada. Mi padre quien miraba hacia donde estaba Keysi y Roy discutiendo sobre la boda, suspiro. –Ví a la chica Andrews un par de veces cuando fui a la central, pero no sabía que estaba con tu hermano. Es una excelente capitana por lo que dicen, y tiene excelente sentido de liderazgo. Tal vez te la encuentres en alguna misión. Me mordí el pulgar sin poder apartar la mirada de mi hermano, y de Keysi. –Espero que no, la chica huele a problemas, y yo no quiero nada de eso. No me interesaba saber de ella, ahora mismo, era un recuerdo doloroso su parecido con Liam. Pero la responsabilidad de cuidarla por Liam, estaba ahí, ardiendo como una llama, a fuego lento. —Aunque estoy feliz por tu hermano, que finalmente sentó cabeza, hubiera querido mil veces que fueras tu. No te estas haciendo más joven, Regan— el tono de reprimenda de mi madre fue fuerte y claro. Ruedo los ojos al conocer ya esta charla, me acomodo en el sillón y cruzo los brazos recostando mi cabeza contra el respaldo. —No otra vez con eso, mamá— me queje. Algunas veces, extrañaba el desierto. Mamá suspiro rendida. –Déjalo, Deisy, ya sabes como se pone de gruñón— frunci los labios con molestia. Me puse de pie y tome mi chaqueta. —Me voy— murmuré, escuche las risas de mis padres, y gruñi mientras pasaba al lado de la parejita del año. —¿Ya te vas?— me detuve despacio y mire a Keysi, le sonreí dulce. —Si, tengo que preparar mis cosas, pasado mañana me voy— ella se puso de pie y vino a abrazarme. Volví a respirar, su cuerpo apretado contra el mío me devolvió a esos días en el que yo era su todo. Bueno, con algunas excepciones. Mire a Roy, él estaba mirando su teléfono, desinteresado. Frunci el ceño ante su actitud tan fría. —De acuerdo, llámame antes de que subas al avión. Asentí con una sonrisa y bese su frente, respirando hondo, queriendo quedarme con su aroma siempre. La suelto y ella me sonríe. Su sonrisa, me fascina. Toda ella. Le doy un simple asentimiento a mi hermano y salgo de ahí. Con el dolor latente en mi pecho, se que la única forma de olvidarme de todo este embrollo es estar en peligro, así que me lancé a esta misión. Lo que sea con tal de olvidarme un rato de todo esto. ***** La visita de Renzo la mañana en que debía irme, me sorprendió. Pero me sorprendió más lo que dijo. —Ya lo sé— frunci las cejas y lo miré. —Ya sabes...— lo insite a continuar. Renzo suspiro y me hizo a un lado para entrar a mi apartamento. Cerré la puerta con las cejas levantadas, a veces podría llegar a ser un idiota. Bufé mientras me cruzaba de brazos y lo veía comencé mi desayuno. —¿Y bien?— Tragó y me sonrío arrogante. —Estas enamorado de Keysi— Mi espalda se enderezó, mis brazos cayeron a mis lados y mi mandíbula se apretó, mi postura totalmente a la defensiva. —No.— solte demasiado rápido, y Renzo se dio cuenta. —Claro que si, llevas idiotizado por ella desde la secundaria— se chupó los dedos y me sonrió nuevamente —No estoy ciego, pero tal vez Roy si— Me relami los labios y miré a cualquier lugar que no sea a este mierdecilla. —No se que dice. Tampoco sé de que hablas, ahora vete— espeté duramente, Renzo cuadró los hombros y negó con la cabeza. —Escucha hermano, solo quería decirte que, esto saldrá muy mal. Debes de sacarte de la cabeza que tienes alguna oportunidad, ella se casará con nuestro hermano. Me rasco la barba, y respiré hondo. —¿Crees que no lo se, Renzo?— rugí. Renzo se tensa, y supe que había mordido el anzuelo. Resoplo pasándome las manos por la cara. —Esto es una patada en las bolas, Regan. —Se lo diría cuando volviera— me deje caer a su lado tomando mi desayuno —Pero antes de volver, me envió una carta diciendo que se casaría.— Renzo suspira dejándose relajar en el sofá. El silencio reinó por unos segundos. Renzo abrió la boca. —Tal vez podrías quedar con la hermana de Liam— dijo despreocupado. Como si no hubiera dicho la mayor blasfemia del mundo. Negué con la cabeza masticando mis cereales. —No. No voy a acercarme a ella. Es la hermana de Liam— justifiqué. La verdad era que no quería volver a ese pasado. Eso era Liam, un recuerdo del pasado, que siempre llevaría en mi corazón, pero no me cruzaría jamás en el camino de su hermana. Ni de coña. Renzo resopló divertido. —Por favor, la tipa esta como quiere— le di un golpe en la cabeza y jadeó —Oye, es la verdad. —No hables así de ella, es una capitana respetable— volví a mi plato. Me quedé pensando en lo que dijo Renzo, y para cuando se fue, no podía quitarme de la cabeza que tal vez y tenga razón. En lo de dejar de lado a Keysi, no en lo de ligar con Leyla. Cuando abordé el avión hacia mi próximo destino, sabía que tenía que seguir adelante con mi vida y olvidarme por completo de Keysi. ***** —Han sido seleccionados para formar un nuevo equipo de élite — suspire mientras veía a mi alrededor. La mayoría de los 8 soldados que estaban aquí, habían estado conmigo, y sabía que eran lo mejor de lo mejor. —Tenemos varias misiones, de las cuales los detalles les serán revelados una vez que concluyan cada una. El sonido de alguien tocando la puerta de la sala de reunión lleno el silencio. —Adelante— demandó el General Navarro. La puerta se abrió y respire hondo al ver una cabellera rubia conocida. —Lo siento, General, pero mi vuelo se retrasó — saludó, Andrews. El General asintió. —Tome asiento, Capitán. Ella asintió y se colocó en el asiento frente a mi. Lucía cansada, tenia ojeras y se veía pálida No se veía nada de la rubia de ojos verdes que había visto en el aeropuerto hace meses. Era solo una sombra. Apreté mis manos sobre mis piernas reprimiendo la necesidad que me daba de acariciarla. ¿Que mierda me pasa? —Como decía, serán ascendidos y recibirán nuevos rangos. Los suspiros de alivio y emoción no se hicieron esperar, pero la mirada de Leyla no cambiaba, se mantenia impasible. —Capitán Gibson— desvíe mi mirada de Leyla y mire al General. —Usted estará a cargo de la élite. Por lo tanto, Coronel— me entregó mi nueva insignia y mi placa. Alce las cejas y suspire. Mierda, más responsabilidad. —Gracias, señor— las recibí con orgullo. Papá se morirá de emoción. Sonreí, Renzo se burlará de mi. —Capitana Andrews — miré a Leyla, ella dio un pequeño brinco como si la hubieran tomado desprevenida pero se recompuso en segundos. —Será la mano derecha del coronel. Teniente Coronel.— le sonríe, como un padre orgulloso. Los labios de Leyla temblaron, los apretó y se levantó dudosa tomando su placa nueva y su insignia. —Gracias, señor— asintió, el General la miró. —Ellos estarían orgullosos de ti, Leyla— Leyla respiro hondo para no mostrar nada, pero podía ver como sus manos temblaban. —Lo sé — dijo despacio, volviendo a su lugar. Mientras ella miraba su placa, vislumbre una lagrima caer en su mejilla, se la limpió y respiró hondo. Entregaron las nuevas posiciones, y algunos conservaron sus rangos. Solo los más nuevos ascendieron a Soldados de primera. En el equipo eramos diez, cinco hombres y cinco mujeres, equitativos, pero sabía que las mujeres eran más sádicas a la hora de un enfrentamiento. –En este momento, enfrente de ustedes tienen una carpeta con toda la información que necesitan para la primera misión. No hay plazo, pero ya lo saben, entre más pronto regresen más tiempo pasarán con sus familias. Sin decir más, nos despidió, y salió de la sala. —Pero si Andrews está que no puede ocultar la cola— Robinson, nuestra capitana le sonrío divertida a Leyla. —Oh vete a la mierda— sacudió la mano como si de una mosca molesta se tratara. —Vamos Leyla, esto será divertido, me encanta que las mujeres manden— Jason Burke, un moreno de 1.80, se burlo. Alce las cejas mirando el intercambio. El rostro de Leyla paso de estar pálido a tener un poco de color, como si lo que sea que la tenia preocupada saliera junto al General. —Burke, supongo que tu esposa ya dio a luz. ¿Que fue? ¿Niña, niño?— lo miró con una ceja alzada y los brazos cruzados. Burke resopló. —Un muy guapo niño, y ella está volviéndome loco— soltó sonriendo, sabía cuanto adoraba a su esposa. —Pero vaya, también el nuevo Coronel merece atención— Vorya, un ruso igual de alto que Burke me sonrió. Sacudí la cabeza. —Estoy imaginándome todo el puto papeleo con este nuevo rango, no me lo recuerdes— murmuré. Ellos soltaron carcajadas, arrancandome una suave sonrisa, y mi mirada no se pudo aguantar en posarse sobre Leyla, quien sonreía. Y mierda si no me gustó haber logrado esa sonrisa. Nos esperaban días emocionantes.
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