Llegué a casa lo más rápido que pude, bajé del auto y ni me molesté en cerrar la puerta, estaba demasiado nerviosa, pensando en lo que le diré a Javier para disculparme —¡Javier! — grité al entrar a la casa, no hubo respuesta, fui a la cocina —¿Javier? — de nuevo nadie, mierda, no pudo haberme dejado, no sin antes hablar, sin antes escucharme, subí a la habitación rápidamente —¿Javier? — nada, el baño y nada, revisé los armarios y afortunadamente todo estaba en su lugar, lo que me tranquilizó un poco, no me ha dejado, no me abandonó, suelto un suspiro, me asomo por el balcón, tal vez esté golpeando esa cosa de nuevo, pero nada, Javier no está en la casa… «su casa, lo más seguro es que esté ahí» bajo las escaleras lo más rápido que puedo, pero el sonido de la puerta de entrada me hace d

