1 semana antes Narra Javier Después de un rato de platica sobre temas triviales volví a mi oficina, aún tenía temas pendientes y necesitaba resolverlos antes del viaje, de pronto el sonido de mi teléfono me distrajo de mis ocupaciones, reviso el número y es a la persona que menos quería escuchar, al menos no en mucho tiempo, me pongo nervioso al instante —¿sí? — respondo con la respiración agitada —¿podríamos vernos en mi oficina en unas dos horas? — tiro un resoplido, ruedos los ojos y asiento —supongo que sí, nos vemos allá— cuelgo la llamada, aviento el teléfono lejos de mí y llevo mis manos a mi rostro, tratando de ocultar mi enojo y mi frustración. Llego al consultorio y al escuchar mi nombro entro a la oficina del doctor, el oncólogo sonrió y me pidió que me sentara frente a

