LEO Han pasado tres días. —¿POR QUÉ AÚN NO LA HAN ENCONTRADO? —grité, golpeando la mesa con la mano. No he dormido bien desde que Lina no está. Las noches se me hacen eternas sin ella. —Encontramos el coche abandonado cerca de un lago, pero Eliud debió de huir —dijo Oliver. —Busquen huellas de neumáticos, cámaras de seguridad... ¡CUALQUIER COSA! —volví a gritar. —Lo hemos hecho, pero parece que Eliud condujo por la ciudad durante horas para intentar confundirnos, antes de abandonar el coche. —Tengo un rastreador en todos mis coches —recordé. —Lo sabemos, pero lo desactivó. Me dejé caer en la silla. El corazón me latía con fuerza. Me froté la frente con los dedos, intentando pensar, pero todo lo que podía ver era su rostro. Lina. Mi Lina. —Dame su expediente —ordené. Uno de los ch

