LINA Llegamos al ático que Leo había alquilado en un santiamén. Todos teníamos nuestra propia habitación, menos Leo y yo, claro, que queríamos compartir la nuestra. Era tarde, así que decidimos irnos a dormir y dejar los planes para el día siguiente. Me desperté temprano con la luz del amanecer. Me levanté en silencio y fui a prepararme un café, pensando que sería la única despierta... pero ahí estaba Valeria, ya en la cocina, bebiendo leche con fresa. —Hola, ¿has dormido bien? —le pregunté. —Sí. Estaba pensando… ¿quieres ir a la playa conmigo? —me respondió. —Claro, pero… ¿no deberíamos ir con los demás? —En realidad pensaba que sería una buena oportunidad para conocernos mejor —sonrió. —Claro —respondí. Tenía razón. Me venía bien estrechar lazos con la hermana de Leo. Nos fuimos

