LINA —Date prisa—, dije emocionada mientras arrastraba a Leo de la mano. —¡Date prisa! ¡Date prisa!—, oí a Mia imitarme mientras se retorcía en los brazos de Leo. —Por Dios, mujer. Tranquilízate—, se quejó mientras yo me apresuraba a subir a su jet privado. —No es culpa mía que te estés haciendo viejo. —Primero, NO ESTOY VIEJO. Segundo, uno pensaría que después de decidir llevarte a Disneylandia, mi novia finalmente decidiría tratarme mejor. Pero nooo, tuve que quedarme con una perra como novia—, bromeó. Lo miré con ira. —Una perra hermosa, sin embargo—, agregó, y yo sonreí y asentí. Mucho más acertado. Subimos al avión y vi que Oliver, Valeria y Nico ya estaban a bordo. Al parecer, Ronald (el marido de Valeria) tenía una importante reunión de negocios y no pudo venir. —Hola, chic

