LINA Uf, no tengo ropa, gemí mientras me sentaba sobre la pila de ropa. Vi a Leo salir de su habitación y dirigirse hacia las escaleras, pero se detuvo al verme. —¿Qué pasa? —frunció el ceño. —No sé qué ponerme para esta noche —suspiré. Pensó por un segundo. —¿De compras? —sonrió. —De compras —asentí. —Déjame ver dónde puedo hacerte un hueco en mi agenda. Soy un hombre muy ocupado —dijo, citando con descaro lo que yo le había dicho cuando me pidió salir por primera vez. Solté una risa. Qué descarado. * —Hola, me llamo Griselda. ¿Puedo ayudarte a encontrar lo que buscas? —nos recibió la dependienta al entrar en la tienda. —Necesito un vestido para una cena —le dije. —No hay problema, veré qué puedo encontrar. Unos minutos más tarde, Griselda volvió con varios vestidos. Leo se

