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451 Palabras

Maite llevaba días durmiendo en el departamento de Blas. Luego del discurso de la gala, aún con sus dedos entrelazados habían llegado a la cocina para buscar sus cosas. El resto de los empleados se habían retirado y Blas aprovechó para volver a besarla. -Me gustaría despertar cada mañana con esos labios a mi lado, con tu risa colmando cada rincón de mi cocina y viendo tus ojos achinados de tanta felicidad. - le dijo una vez que pudo hablar. Ella lo miraba y se sentía víctima de un sueño, aunque en realidad ni en los más alocados hubiera imaginado al serio cocinero anunciando tan dulce proposición. Sonrió al borde de las lágrimas y volvió a besarlo. -¿Estás seguro de que es lo que querés?- le preguntó cuando algo de raciocinio se coló para nublar su alegría. -Por supuesto, llevo d

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