Cuando Emma leyó el mensaje de su amiga ya era tarde. Había abierto la puerta, creyendo que Abril había olvidado su llave y no pudo disimular la sorpresa al ver al mismísimo Enzo parado con su camisa algo arrugada y arremangada, demostrando el paso de un día largo. -Hola Emma, perdón por pasar sin llamar, tu amiga me abrió.- le dijo sin poder evitar pasar sus ojos por la mujer que tenía delante. Llevaba un pantalón suelto de color gris claro y una musculosa negra que se ajustaba a su figura, revelando que no llevaba ropa interior. Pero lo más hermoso, fue su pelo despeinado en un rodete con varios mechones rebeldes saliendo hacia los lados. Al ver que no recibía invitación para pasar amagó con volver por el camino que había utilizado para llegar hasta allí, pero Emma lo tomó del braz

