Salvajemente sexy

1222 Palabras

LIVIA Lorenzo no vino a casa esa noche. Lo sé porque me la pasé en vela, clavada leyendo los libros nuevos que me había comprado. Escuché clarito cómo encendió el Bugatti y se fue. Pero no volvió. Y yo ahí, como tonta, dándole hasta las dos de la mañana con la lectura. Ahora me quiero matar, porque el diseñador de Dior venía a las nueve. Salí de la cama como zombi directo a darme una ducha helada para espabilar. Siempre me pasa igual: me clavo leyendo hasta tarde y al otro día ando hecha trapo. Apenas salí del baño, Tamara me avisa que la diseñadora ya está en la casa y la subió a mi cuarto. Entra esta flaca rubia, chiquita y muy mona. Se presenta: —Señora Bellandi, un gusto conocerla. Eveling —, me dice. Le dedico una sonrisa, le doy la mano y le digo: —Dime Livia, por favor—. Asient

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