Amanda estaba muy nerviosa, tan nerviosa como nunca lo había estado en su vida. No podía creer lo rápido que su corazón iba, era como un auto de carreras a punto de salirse de la pista por lo rápido que iba. Amanda no podía creer lo que estaba haciendo en aquel momento, no era extraño que estuviera sudando después de la gran estupidez que se le había ocurrido...
Y es que en estos momentos, Amanda se encontraba en un lugar sacado de las peores pesadillas de niños, un lugar horrible donde torturan a las personas a comer cosas horribles y a hablar sobre cosas incomodas mientras ven las atrocidades mas grandes de todas...
Amanda estaba en un restaurante...
Aquel restaurante era deplorable, parecía a punto de caerse a pedazos... Y era perfecto, justamente lo que Amanda quería. Esta había tardado demasiado tiempo buscando un lugar como aquel, buscando entre miles de reseñas y calificaciones por internet, entre miles de opiniones. Amanda busco el peor y mas impopular que pudo encontrar, lo cual no era tarea fácil, ya que la mayoría de las personas dan al menos la menor clasificaciones ya sea por pena o por un sentido de superioridad. Pero de manera casi milagrosa, Amanda había conseguido el lugar perfecto.
Aquel restaurante de nombre “Le Risquete”, cuyo nombre Amanda no comprendía, se encontraba en un callejón frio y aislado, alejado del centro de la ciudad, un restaurante sin ningún tipo de letrero, señal o publicidad en alguna pagina en internet, teniendo solo una reseña en blanco en una pagina de reseñas. El lugar solo tenia una hoja de papel en la entrada que decía “Restaurante”. Cuando Amanda entro, sintió una gran brisa de alivio al ver lo horrible que estaba ese lugar.
Este tenia mesas y sillas cuya madera parecía a punto de pudrirse. Tenia un escenario que parecía no haber visto un espectáculo y un bar sin bebidas donde solo se encontraba un hombre de mediana edad con un traje sucio limpiando vasos de vidrio. Aun cuando Amanda entro, nadie la recibió, lo cual pudo suponer que aquel lugar debía estar falto de personal. Lo cual era perfecto, no, mas que perfecto, era justamente lo que alguien como Amanda necesitaba.
Amanda era una persona singular o al menos así la llamaban sus padres. Amanda detestaba las interacciones sociales y el contacto de cualquier tipo con otros seres humanos, esta condición había estado presente desde que ella tenia memoria, Amanda no sabia si era parte de algún trauma o enfermedad, ya que cada vez que su madre quería llevarla con un psicólogo la sola mención o pensamiento de interactuar con otros la hacia gritar hasta desmayarse en el suelo. Su madre trato varias veces de llevarla, pero era totalmente inútil, por lo que esta no estaba consciente en que consistía su condición.
Amanda solo era capaz de hablar con sus padres, los cuales realmente no parecían tener mucho interés en ella, o mas bien, Amanda estaba segura de que ellos la odiaban, lo cual no le importaba tanto, razón por la cual cuando tuvo la edad suficiente, salió de casas de sus padres y se mudo a su propio apartamento por su cuenta. Un apartamento que se encontraba en las afueras de la ciudad, uno que tenia mas de cuarenta años, donde solo se encontraba un residente que ella estaba segura era un drogadicto que había sufrido una sobredosis, ya que desde hacia muchos meses, o incluso un año, el hombre no había salido de su casa y el olor que provenía de esta era detestable.
Amanda reviso el lugar para asegurarse que todo estuviera correcto, no quería tener la mala suerte de que alguien se estuviera escondiendo. Amanda reviso en todos lados, en los baños, en el bar, en el escenario e incluso por debajo de las mesas, lo único que encontró fue a un hombre vestido de blanco en la cocina que al verla, ni siquiera le pregunta que hacia allí y simplemente siguió leyendo su periódico.
Amanda eligió la mesa mas alejada de todas, una mesa con solo dos sillas al fondo del lugar, lo mas separada de otras mesas en caso de que a alguien se le ocurriera ir a tal lugar, nunca se sabia. La mesa estaba rota, con marcas de cuchillos y chicles por debajo de esta y las sillas estaban chuecas, sucias y olían extraño, pero estas eran mas que perfectas, solo necesitaba dos asientos para ella y su... Y su...
Para Amanda y su cita...
Amanda casi sintió como las luces se apagaban por la sola mención de estar en presencia de otra persona y de incluso hablar con ella. Amanda tuvo que sacar una bolsa de su bolso y respirar por ella, siempre le era difícil aquello, pero trataba de no volverse loca hasta que llegara a su apartamento, por eso siempre que tenia que salir, lo hacia muy entrada la noche, en media semana donde hubiera la menor probabilidad de encontrarse con otros.
Puede que sonara extraño que alguien como Amanda tuviera una cita y la verdad, realmente lo era, pero aquel caso era uno especial y es que desde hacia un tiempo, Amanda había comenzado a sentirse solitaria, siempre lo había estado, pero era solo recientemente que se había dado cuenta de este sentimiento, era una sensación que le hacia doler su pecho y terminaba haciendo que hablara con ella misma por horas y horas. Amanda quería compañía, estaba cansada de estar toda su vida sola, ya no aguantaba mas, por lo que en un arrebato había intentado comprar un perro, pero por desgracia para ella, al parecer también era alérgica al pelo de perro. Por lo que Amanda tuvo que recurrir al plan B, a las aplicaciones de citas.
Amanda rio por la ironía que se encontraba detrás de aquello, siempre se había burlado de como todas esas personas de esos programas conseguían parejas por internet y salían con personas que no tenían idea de como realmente era, por lo que aquello la hacia sentirse hipócrita. Amanda había metido su propio perfil en un pagina junto a la descripción de la pareja perfecta para ella. Tenia que ser una persona que odiara los lugares concurridos, que fuera amigable, pero no extrovertida, que odiara los deportes y cualquier actividad que requirieran de interacciones con otros como las bodas, las fiestas, las reuniones sociales, las cenas, los cumpleaños, los festivales y los cines. Tenia que ser un hombre que fuera capaz de escucharla por horas sin que tuviera que decir realmente nada, que siempre la tratara bien y no trata de sobrepasarse. Tenia que ser fanático de las películas independientes y de libros de fantasía y ciencia ficción como ella, pero no tanto como para que siempre estuviera presumiendo de como el conocía mas libros que ella y por sobre todo, lo mas importante de todo era, que también fuera atractivo...
Incluso Amanda sabia lo ridículo que se escuchaba todo eso, pero si no era alguien de ese nivel, ni siquiera veía el sentido de buscar pareja. Pero encontrar de todo lo que ella podía creer, después de unos pocos minutos de subir su perfil, esta había encontrado a una persona que tenia la descripción exacta. Y cuando Amanda abrió el perfil del hombre para ver su foto, casi se cae de la silla al ver su apariencia... Era bello... No, era hermoso, tenia un rostro cuadrado, con barbilla prominente, cejas gruesas, ojos verdes y pestañas largas, una risa con dientes blancos como hojas de papel, pómulos que parecían esculpidos por los mismísimos ángeles, una piel lisa sin arrugas o granos, un pelo castaño oscuro y liso como los pelos de un unicornio y con una expresión parecida a esas que se encontraban en anuncios sobre perritos.
Aquel hombre según su pagina, tenia veintisiete años, de nombre Mario Valbuena, proveniente de un pais latinoamericano sin especificar, este creció en Miami junto a su familia y luego se mudo por cuenta propia a New York donde estudia medicina junto con algunos amigos. Sus libros favoritos eran Dunas, 1984, El archivo de las tormentas y Nacidos de las Brumas. Su película favorita era el pianista, su serie favorita era “The Wire” y su pasatiempo favorito era pintar. Aquel hombre parecía perfecto... Tal vez demasiado perfecto...
Por lo que Amanda no siendo estúpida, busco en internet si aquella foto era de un modelo y aquel hombre la estaba usando para tratar de ganarse su corazón. Pero para su sorpresa, la foto parecía ser autentica y solo se encontraba bajo el nombre de un estudiante de medicina, un Mario... Y para Amanda aquello fue como ganar la lotería, pero aun no estaba segura que tan autentico era todo eso, por lo que comenzó a chatear con el... Y vaya que parecía real...
Por el pasado año, Amanda estuvo hablando con Mario por mensajes todos los días sin parar, no había un solo día en el que ambos no estuvieran hablando, lo hacían por horas y horas, podían incluso hablar sin parar por mas de veinticuatro horas e incluso seguir. Mario realmente era una persona agradable, siempre le decía cosas bonitas pero nunca trataba de usar frases empalagosas o se sobrepasaba para tratar de conquistarla, nunca le obligaba hablar cuando no quería de algo y siempre podía escuchar todo lo que ella decía. Amanda le hizo una gran cantidad de preguntas lo suficientemente especificas para saber si realmente era cierto lo que su perfil decía. Desde cosas del estilo como “Cual es el nombre del hermano menor de Kaladin en el archivo de las tormentas”, “Cual era el nombre de la mujer que el emperador gusano se enamoro en Dunas” e incluso preguntas trampas como “Cual es el nombre del Gran hermano en 1984”, el cual, spoiler, no existía... Y para su gran alivio consiguió contestar cada una de las preguntas con incluso mas detalles de los que esta le pedía, incluso sabia cosas que la propia Amanda ignoraba, lo cual realmente hacia sonrojarla.
Mario hablaba sobre su familia y como eran los mejores del mundo y nunca preguntaba sobre la familia de Amanda porque sabia que a ella no le agradaba el tema. Mario también odiaba las interacciones sociales, solo tenia dos amigos y la única razón por la que los tenia, era porque ellos pagaban parte de la renta de su casa, por lo que realmente no tenia a nadie. Nunca había tenido una pareja al igual que Amanda, su comida favorita era la pizza a domicilio y su deporte favorito era, bueno, ninguno. Ambos parecían tener los mismos gustos y odios, ambos odiaban hablar con otros sobre temas banales y sin sentido, odiaban la obsesión por los deportes, ninguno era una persona religiosa, pero tampoco ateos. Ambos detestan que las personas duden de si algo es arte cuando claramente lo es, como el caso de los videojuegos o series animadas. Incluso Amanda descubrió que ambos tenían los mismos gusto en géneros de series. Ambos eran fanáticos de series de romance y comedia que no eran estrictamente realista y ambos consideraban que podían llegar a ser muchos mejores cuando se ponía un elemento mas fantasioso. Mario también es fanático de los videojuegos y hablo con vergüenza como una vez trato de hacer su propio canal para transmitirse así mismo jugando, pero que le fue tan mal, que desperdicio dinero para nada y que lo único que gano fue un montón de vergüenza y el odio de muchos que ahora cada vez que ven su cara, quieren golpearla. También le conto sobre como una vez se había enamorada de una chica que era muy agradable con el, pero que esta lo había avergonzado en frente de todo su colegio, razón por la cual nunca había vuelto a intentar tener citas, pero que por exigencia de su padre, ahora estaba tratando de buscar a alguien con quien pudiera estar...
Mario le conto sobre todas sus vergüenzas y Amanda nunca se sintió mas incluida que en sus conversaciones, realmente sentía que estaba hablando con otra persona y no otro ser que pudiera ignorar o incluso burlarse de sus sentimientos o tratarla como si fuera nada...
Con el tiempo ambos comenzaron a hablar por teléfono y Amanda casi sintió como su cuerpo se derrite al escuchar esa voz de seda creada por el mismo Dios en los cielos, una voz tan angelical y hermosa que haría que el mismo Brad Pitt sintiera vergüenza en comparación. Después de eso se volvieron a un mas cercanos e incluso Mario le hablo sobre su trauma hacia las alturas, de como cuando era pequeño se había caído desde un segundo piso por accidente y se había roto ambas piernas, que por suerte, se curaron y no le ocasionaron mayor problema que una ligera coges en su pierna derecha. Amanda por primera vez en su vida sintió que se encontraba en sincronía con otra persona, que realmente podía interactuar con otro ser que no fuera ella misma...
Pero por un momento, todo pareció que iba terminar, cuando en contra de todo pronostico, Mario le pidió que se encontraran en persona. Este sabia sobre la condición de Amanda y sabia el terror que sentía, pero este quería ayudarla, quería estar con ella y tratar de superar su miedo juntos... El quería estar junto a ella...
Y por un momento, Amanda estuvo a punto de negarse y nunca hablar con el otra vez, pero en contra de todo pronostico, realmente acepto en un momento de adrenalina. Amanda acepto la propuesta de verse con Mario y a pesar de que sintió miedo, en un principio no se sintió mal, es mas, se sintió mejor que nunca, mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo...
Pero esa sensación había desaparecido y ahora Amanda se encontraba expectante, esperando a que Mario llegara. Habían quedado para comer juntos en aquel decrepito lugar a las tres de la mañana de un martes, la peor hora para cualquier persona que quisiera salir de fiesta. Amanda se encontraba jugando con sus dedos, mirando nerviosamente de un lado a otro, con una sensación tremenda de vomitar y con su cabeza dándole vueltas.
Mil y un cosas pasaban por su cabeza y estuvo a punto de salir corriendo del lugar cuando, en un momento la puerta del restaurante se abrió de golpe y Amanda pudo sentir como alguien entraba. Amanda inmediatamente volvió a sentarse y bajo la vista mientras que escuchaba los pasos de una persona acercándose lentamente hacia ella.
Amanda espero sin decir nada, sin mirar al hombre ni tratar de entablar una conversación, el corazón de Amanda estaba yendo a millón, sus manos sudaban, sus piernas temblaban, su espaldas estaba encorvada y dolía, su vista se estaba poniendo borrosa y no era capaz de pensar en nada que la pudiera sacar de tal dolor. Amanda ahora se arrepentía al estar en frente de aquel hombre. Amanda quería escapar, quería salir corriendo, quería desaparecer de la faz de la existencia y volverse polvo espacial para que nadie nunca pudiera encontrarla...
Pero entonces, el hombre hablo y aquella voz era la misma que la de Mario. Entonces el hombre se sentó frete a ella y Amanda sintió como un poco de la pesadez de su corazón desaparecía, como un poco de calidez inundaba su cuerpo. Y casi como si aquel hombre estuviera creando una especie de hechizo sobre ella, Amanda sintió cierto alivio en su cuerpo y una repentina inyección de adrenalina...
Y con unas fuerzas que Amanda ni siquiera sabia que tenia, logro levantar la vista para ver al hombre que ella creía estaba enamorada... Y como esta suponía, el rostro de Mario no era el mismo que el de la foto, no era tan atractivo, no era tan hermoso ni parecía esculpido por los mismos dioses...
Pero por alguna razón, al ver ese no perfecto rostro, Amanda sintió un alivio inmenso y todo su cuerpo pareció flotar en el aire... Mario no era perfecto, era como ella... Amanda rio como nunca lo había echo, por primera vez en su vida, estaba enamorada...
Mario era una papa...