Papa presidente
Pascal se sentía extraño aquel día, aquel nueve de febrero del año 2012, aquel día soleado pero no lo suficiente como para sentir que su cuerpo estaba a punto de derretirse, pero si lo suficiente como para que hasta su trasero estuviera sudado.
Pascal no estaba seguro que le pasaba, su cabeza no era capaz de procesar lo que le ocurría, no sabia decir si sentía un malestar o... No, no era dolor lo que sentía, no era aquel dolor de espalda que por diez años lo había molestado, extrañamente, ese día, su espalda se sentía mejor que nunca, no, no solo mejor, era como si nunca hubiera tenido nada para empezar.
Su estomago también estaba mejor que nunca, el día anterior, de forma de la cual era casi imposible creer, había podido aguantar la maldita comida picante que a su esposa tanto le encantaba cocinar, aquella comida que Pascal odiaba y que siempre que la comía, terminaba teniendo horribles indigestiones, pero que este es tan cobarde, que no es capaz de decirle a su esposa que parara.
Tal vez era una cansancio acumulado por años de una desastrosa y toxica vida de casados, de pasar incontables días y noches con una mujer que no solo no amaba, pero que incluso repudiaba y odiaba, una mujer que Pascal prefería tirar a un lago antes de tener relaciones sexuales, pero con la cual su estúpida madre decidió arreglar un matrimonio como si estuvieran en el siglo diecinueve, todo porque según sus propias palabras, «su hijo definitivamente terminaría muriendo solo en una zanca donde nadie lo recordaría». Una mujer la cual Pascal trataba con todas sus fuerzas cada día olvidar su nombre.
Puede que fuera su maldito y muy psicópata y sombrío niño, el resultado de una unión sin amor, un ser que Pascal estaba seguro era un monstruo. Un niño de piel pálida, ojos sombríos y una risa que haría morir de miedo al mismísimo Jack el destripador. Un niño doce años que últimamente había decidido tomar como mayor objetivo molestar a su propio progenitor, uno que estaba harto de este. Desde bromas pesadas como poner huevos podridos en sus bebidas energéticas o pinchar los cauchos de su carro para que este llegara a su muy importante trabajo.
Pascal sentía su cuerpo raro, sus manos estaban... ¿Eléctricas?... Esa era la mejor palabra que este podía pensar, sus manos se sentían como si por ellas recorrieran una extraña sensación, no un dolor o realmente electricidad, mas bien como un cosquilleo... Pero por alguna razón, se sentían eléctricas... Si acaso eso tenia sentido...
Pero no solo eran sus manos, sus piernas se sentían rígidas, no una rigidez como para no poder moverlas, pero si como para que tuviera cierta incomodidad al caminar. Sus orejas se sentían calientes a pesar de que este se había visto en el espejo y no estaban rojas. Su corazón latía a un ritmo normal como había visto en los exámenes en el hospital que había echo mas temprano ese día justamente por aquella sensación...
Algo malo pasaba con Pascal... Pero este ni siquiera sabia si considerarlo algo malo... Todo lo que se le venia a la mente cuando trataba de describir su situación era "Extraño"... Y lo peor de todo... Lo que mas lo molestaba...
Eran sus ojos, Pascal veía mal, no veía borroso, no veía colores que no debía o la falta de estos, no veía doble o sentía como si estos fueran a cerrarse en cualquier momento por el cansancio... No, lo que Pascal veía era algo que no debía estar allí, o mejor explicado, algo que estaba en el lugar de otra cosa...
Y es que allí, en ese preciso día, en la mismísima cámara oval del grandioso electo presidente de los Estados Unidos de América, en la importantísima Reunión de confirmación de ajustes de impuestos para el primer tramo del año, junto con otro puñado de personas de gran importancia como gobernadores y directores de instituciones. En aquel día, Pascal podía jurar por la tumba de su condenada madre, que por mas ridículo que pudiera sonar, el presidente era una papa...
Una papa... El presidente era una papa... ¿O parecía una papa?...
Pascal ya ni siquiera estaba seguro, puede que fuera una ilusión o un sueño, pero todo se sentía demasiado real, demasiado tangible, como para ser tan irreal...
El presidente era una papa...
Pascal veía una pequeña papa, posicionada justo encima del escritorio presidencial, con lo que Pascal podía jurar era un traje n***o en miniatura, justo a la medida para esa papa... Y por mas que este sintiera como si estuviera a punto de volverse loco, lo que realmente le preocupaba no era el hecho de que el presidente era una papa, era que nadie mas en el lugar parecía importarle que el presidente lo fuera... O mas bien, no parecían percatarse...
—Señor, necesito que firme estos documentos —dijo la joven secretaria del presidente, una chica de tez morena y un pelo largo y liso como el de una musa, una mujer que el mismo Pascal había tratado de cortejar en mas de una ocasión.
La secretaria tendió unos papeles en frente de la papa y como Pascal esperaba, la papa no hizo nada, no hablo, no se movió o firmo nada, simplemente se quedo allí siendo, bueno, una papa...
Pero al parecer, de alguna forma, la secretaria entendió algo y después de unos minutos, la mujer agarro los papeles y los guardo dentro de una carpeta. Pascal no tenia la mejor de las vistas, pero incluso el pudo ver como antes de guardar los papeles, en la primera pagina, se encontraba la firma de una persona, la firma que Pascal, el mismísimo guardaespaldas del presidente conocía muy bien, era la firma del presidente.
—Entendido señor... Como diga señor... —La mujer asintió con la cabeza como si estuviera escuchando algo, algo que Pascal no podía escuchar, e inmediatamente se retiro del lugar.
Pascal estaba sentado hasta el fondo del lugar, junto a Marik y a John, los otros dos guardaespaldas de turno que al igual que todos los demás, no parecían notar nada extraño. Las personas importantes hablaban entre ellos sobre cosas que Pascal no tenia mas interés, nadie miraba al presidente, pero no era como si no quisieran verlo, era como si no le importara a nadie quien estaba sentado en la gran silla.
—Hey, John... —Pascal trato de hablar con su compañero, un hombre diez años mas joven que el de pelo castaño y vista distraída—. John, no notas al presidente... ¿Extraño?
Pascal trato desesperadamente de entender lo que ocurría. John lo miro extrañado y sin mucho interés, este alzo la vista hacia la muy extraña papa, pero cuando lo hizo, solo resoplo.
—El viejo se ve mas viejo que antes... A mi que me importa...—Como siempre, John era un desgraciado, pero incluso alguien tan narcisista y estúpido como el parecía no darle importancia a la papa...
No, no era que no le viera importancia, es que no veía nada extraño...
«Me estoy volviendo loco...», pensó desesperado Pascal, el cual sentía como si estuviera cayendo por una muy larga escalera.
De repente, todos en el lugar se callaron y uno de los hombres, el que Pascal estaba seguro era el nuevo General de ejércitos, un joven hombre afroamericano con el cual el presidente siempre había tenido cierto interés, se levanto de su asiento y tomo la palabra.
—Señor, ahora que todos los... Civiles salieron del lugar, creo que es hora de hablar lo que realmente nos queja —dijo de manera imperiosa el chico, el cual tenia suficiente edad para ser el hijo de Pascal, el cual no podía creer que alguien con tan poca experiencia tuviera tal grado.
El lugar quedo en silencio por unos minutos, minutos en los cuales todos parecían estar escuchando algo, cosa que Pascal pudo deducir por los suspiros y las evidentes exclamaciones en los rostros de los presentes, expresiones totalmente distintas a la expresión de confusión de Pascal, el cual no tenia idea de que ocurría.
—Entiendo lo que quiere decir señor, pero, creo que eso tal vez sea un poco arriesgado... —El joven general parecía molesto por algo que el presidente estaba diciendo—. No creo que esa sea el mejor camino...
De repente el chico paro de hablar haciendo una expresión de preocupación y malestar que Pascal no entendía, pero podía ver que estaba llena de terror.
—Si señor... Si, se que usted es el presidente señor, lo se, pero... —El chico volvió a callarse de repente poniendo otra vez una expresión de malestar.
Todos en el lugar comenzaron a murmurar entre si, hasta que de la nada, se escucho un fuerte golpe en el lugar y todos se callaron. Pascal se asusto por el golpe, creyendo que era un disparo o un intento de entrar en el lugar, por lo que se levanto y estuvo a punto de sacar su arma y comenzar a apuntar a todos como un loco, cuando los mismos gobernantes y sus compañeros le dieron miradas de extrañeza.
Pascal se sentó en vergüenza y confundido, pocas veces había sentido tanta vergüenza...
Una vez mas, todos quedaron en silencio, hasta que en un momento en el que Pascal sentía que verdaderamente se estaba volviendo loco, un grito unánime inundo el lugar. Todos gritaron al escuchar algo que Pascal no era capaz de percibir, incluso el maldito de John se había levantado y tenia una expresión de terror en el rostro.
—¡Señor, no puede hacer eso!... ¡Esa acción es demasiado arriesgada! —El joven general volvió a tomar la palabra, mientras que todos los demás viejos miraban con expresiones de miedo, incapaces de hacer frente a lo que Pascal suponía era algo aterrador—. Hacer algo así, algo tan imperdonable y horrible... No podemos...
Otra vez, el joven se callo de repente y sin siquiera volver a pronunciar otra palabra, este cayo sobre su silla con una expresión que parecía estar viendo el fin del mundo como lo conocemos. Algunas personas salieron despavoridas del lugar, otros se quedaron murmurando cosas que Pascal no alcanzaba a escuchar, algunos se reían de manera preocupante y otros se tapaban los rostros para que los demás no pudieran ver las lagrimas que estos derramaban. John a su lado también tenia una expresión de angustia y estaba sudando como nunca lo había visto, mientras que Marik, el cual era un hombre que siempre estaba relajado y sereno, parecía totalmente paralizado, tenia los ojos abiertos de par en par y no parpadeaba o movía un solo musculo...
Pascal no comprendía nada y se sentía como un gran idiota, no... No un idiota, un loco, por un momento, por un largo momento, Pascal había olvidado algo muy importante, como si poco a poco, todo a su alrededor estuviera tratando de tragarlo para que fuera parte de la gran pintura...
El presidente era una papa... Eso era lo importante, eso era lo que debía preocupar a Pascal... Pero aun así, era muy difícil evitar escuchar los sollozos y los rostros de desesperación de personas tan importantes. Pascal miraba de un lado a otro como si fuera un niño en un parque de diversiones, solo que en vez de eso, era un hombre de mas de cincuenta años que no entendía nada...
Pascal observo al joven general que ahora tenia la vista desviada hacia el horizonte, como si hubiera perdido una muy importante batalla, tenia unos ojos vacíos de absoluta perdida, puede que Pascal no entendiera lo que ocurría, pero aquellos ojos... Algo terrible debía de estar sucediendo...
—Ehh, John... —Al ver que su compañero no le prestaba atención, le toco el hombro tratando de llamarlo y este lo miro casi como si no lo estuviera mirando—. ¿Que... Significa esto?
John lo observo confuso, no entendiendo la pregunta, por lo que Pascal levanto la mano y señalo todo el cuarto con esta. Finalmente John logro entender lo que quería decir y este en vez de hacer su típico rechistar o resoplido, lo miro con una sonrisa, una sonrisa de simpatía...
—Hasta tu estas impactado... Tranquilo... Lo entiendo...—John puso su mano en su hombro de manera amigable, aquella era la primera vez que John le hablaba sin parecer como si estuviera hablando con mierda—. Pero tenemos que aceptarlo...
—No... Quiero decir... ¿Qué significa esto? —pregunto Pascal casi al borde del abismo, este se estaba rindiendo, ya ni siquiera le importaba la papa...
La papa era presidente...
John inclino la cabeza y se acerco a Pascal para abrazarlo, aquello si lo aterro, que cosa tan horrible podía significar aquello, que cosa sin precedentes debía de estar ocurriendo para que tal hombre lo abrazara...
—Se que es difícil... Pero mira el lado bueno, ya eres demasiado viejo como para ir a la guerra contra china... —John entonces rio a carcajadas y haciendo un saludo militar y quitándose su corbata, salió del cuarto junto a muchos otros...
Pascal se quedo anonadado mirando la pared por varios minutos, miro como poco a poco todos salían hasta que solo el, la papa y el paralizado y posiblemente desmayado Marik quedaron solos en el lugar.
«Guerra...», pensó Pascal y entonces pudo entender un poco mejor lo que ocurría...
Pascal observo a la papa y sin darse cuenta, sintió una extraña sensación, sentía como un sonido indescriptible, un sonido que no era capaz de procesar fluía por sus oídos hacia su cerebro... Pascal de alguna forma, se dio cuenta de que la papa le estaba hablando y aquellos sonidos no eran alguna especie de maleficio, aquellos sonidos eran palabras del presidente...
Pascal comprendió que el presidente le estaba hablando y que no era que este no pudiera comprender lo que decía, era que lo que decía, eran las palabras de una papa...
Pascal comenzó a reírse por la ironía... El presidente era una papa...
Las palabras del presidente eran las de una papa... Como una papa...
Como una papa cuando no esta siendo cocinada, vendida o comprada... Un objeto innecesario... Inútil...
El presidente era una papa, porque era tan inútil, como una...
Pascal dejo que la locura lo tomara... Era lo mejor...