Sasha tenia un objetivo, solo un objetivo en la vida, que podría llenar de felicidad su monótona, aburrida y angustiante existencia.
Aquel objetivo era, en comparación con el de muchos otros, bastante fácil. Mientras que otras personas deseaban llegar a hacer algo en su vida, como conseguir ser doctores, abogados, personas famosos, deportistas o cualquier cosa que pudiera traer diversión, dinero y tranquilidad a sus vidas, Sasha era muy diferente. Desde pequeña, esta había nacido con un muy pequeño interés por la vida, la diversión o cualquier cosa que pudiera traer satisfacción a una persona. Sasha no entendía de sueños y esperanzas, de deseos, emociones o sensaciones, no, ella realmente no conocía lo bien que podía sentirse al tratar de disfrutar su vida.
Pero aquello no era una desgracia, porque realmente, Sasha no tenia ningún interés por la vida misma, no quería nada, no tenia intención de conseguir nada, de lograr nada... Nada, excepto conseguir golpear aquel saco.
Sasha no sabia en que momento había comenzado su extraño deseo, recordaba siempre ser antipática y desinteresada por todo, hasta que un día, como una fogata o una explosión en su interior comenzó y un ardiente deseo en ella nació. Aquel deseo era golpear el saco, un deseo que realmente no sonaba como uno y ni siquiera la propia Sasha podía explicarlo. Recordaba un día como caminaba por una calle sin ninguna meta en especifica, cuando vio aquel saco. Un saco de boxeador, de color n***o y de gran tamaño, que se encontraba agarrando polvo en la esquina de un gimnasio, el cual parecía mas abandonado que mansión embrujada de pueblo.
El lugar era polvoriento, sucio y si no fuera por aquel viejo que se sentaba en la parte delantera del comercio, Sasha hubiera jurado que aquel lugar ya no serbia. Y por alguna razón, esta se había interesado sin darse cuenta en aquel lugar, no estaba segura porque, era como si una fuerza invisible la atraia. Y por mas que Sasha tratara de explicar, no sabia como, pero sentía que aquel saco, la llamaba.
Sasha caminaba todos los días frente a aquel lugar, por las tardes después de salir de su trabajo, por lo que no es extraño que se sintiera un tanto atraída. Pero este no era el caso de Sasha, muchas veces había pasado por aquella fuente que por alguna razón, lanzaba lo que parecía sangre o aquel hombre de plata que se quedaba parado en una esquina, sin pedir dinero o dar algún espectáculo, ninguna de las veces que Sasha se había acercado, había sentido algo mas que molestia,
Por eso, aquel deseo que salía de su corazón como una serpiente escurridiza al mirar el saco, la hacia sentir desconcertada. Sasha ya ni siquiera recordaba el día que había decidido entrar en aquel gimnasio de boxeo. Esta había entrado casi como un zombie o una rata siendo atraída por una melodía maravillosa. Aquel viejo que parecía ser el dueño y el vigilante al mismo tiempo, ni siquiera se había parado a prestar atención a Sasha, simplemente se había quedado leyendo el periódico y fumando de su pipa y ella tampoco le presto atención, porque todo lo que le intereso en aquel momento, fue el saco.
Y cuando Sasha toco el saco, fue como si una convulsión o una explosión de sensaciones llenaran su cuerpo, Sasha nunca había sentido excitación o conocía algo parecido, pero supuso en aquel momento, que así es como debía sentirse. Sasha no lo comprendía, pero cuando toco el saco, la razón por la que era atraída, dejo de importarle y rápidamente, el saco se volvió en todo lo que podía pensar. Dia y noche, Sasha no podía dejar de pensar en el saco, mientras dormía, mientras que comia, se bañaba o trabajaba, el saco era todo su mundo. Acostumbraba a soñar con la textura de esta, con la tonalidad de n***o que cambiaba dependiendo de como la luz se reflejaba en su superficie, el olor a cuero viejo o el polvo que reposaba en el, por lo años de desuso que tenia.
Sasha camino por el mismo lugar una y otra y otra vez, hasta que un día en el que ya no podía aguantar mas, decidido golpear el saco, esto como a manera de instinto, algo muy dentro de ella, algo primal y antiguo que le decía, no, le ordenaba que golpeara el saco, razón que debido a la desesperación que sentía, Sasha no rechisto en hacerlo. Sasha golpeo por primera vez el saco, aquella noche, de aquel mes, de aquel año, hacia tantos años, que Sasha ya no recordaba o mas bien, ya no tenia interés en recordar, porque desde el día en el que golpeo el saco, la sensación tan maravillosa que sintió, sustituyo el resto del mundo y para Sasha, esto se volvió su todo.
Antes de darse cuenta, Sasha comenzó a golpear el saco todos los días, siempre después de su trabajo, sin falta, durante horas y horas, no lo hacia siguiendo una técnica especial o con un método, todo lo que hacia era golpear el saco una y otra, otra y otra vez, hasta que sus puños sangraban y su cabeza ya no podía aguantar mas. Sasha siguió golpeando el saco, se fue adaptando a su textura, a su fuerza, los primeros días, apenas podía hacerlo mover, pero con el tiempo e insistencia, fue capaz de hacer que temblara.
Su posición y la manera que golpeaba se acomodo inconscientemente para poder golpear de mejor manera el saco. Sasha no pensaba o deseaba otra cosa que golpear el saco. Y eso fue lo que hizo por años, por años, Sasha logro encontrar la felicidad, aquella que no sabia que quería, que no sabia que necesitaba. Ni siquiera sabia porque le traía felicidad, pero eso no importaba, lo único que quería era disfrutar todo lo que pudiera de aquella exaltación y emoción que sentía al golpear el saco.
Todo, era el saco...
Sasha se volvió tan buena golpeando el saco, que ya hasta parecía una boxeadora, sus golpes eran duros y fuertes como ninguno. Una noche, habían tratado de asaltarla, pero por instinto, Sasha golpeo a su asaltante tan fuerte, que tuvo que llevarlo al hospital, ya que al parecer, se había roto la mandíbula y estaba en peligro de perder la visión de un solo ojo.
Sasha golpeaba fuerte, sus músculos se hicieron fuertes, duros y resistentes, no le interesaba el ejercicio o estar en forma, pero haría lo que fuera por golpear mas el saco. Y el tiempo siguió pasando, Sasha se hacia cada vez mas y mas fuerte, ya no tenia comparación, sus golpes se habían echo mortales y de alguna forma que Sasha no concia, se había vuelto una especie de mito en las calles.
"Aquella mujer que golpea como un demonio", era como le llamaban, de alguna forma, se había vuelto famosa sin intentarlo y todos le tenían miedo. Y como si todo fuera una especie de cuento demasiado conveniente, aquella popularidad llego a los oídos correctos, lo que hizo que un buscador de talento se acercara a ella y tratara de contratarla como boxeador.
En un principio, Sasha había rechazado la oferta, pero la promesa de golpear mas sacos la atrajo de sobremanera. Y así fue como Sasha tuvo su primer combate, contra alguna otra mujer que no conocía y de cuyo nombre no tenia interés en saber.... Aquella mujer no había aguantado un solo golpe de Sasha.
Sasha debuto ganando su primer combate con un solo golpe, ni siquiera se movió o utilizo ningún tipo de técnica de boxeador, simplemente golpeo a la mujer y esta cayo como un saco de cemento con fuerza al suelo. Sasha no tenia mucho interés en los combates y mucho menos cuando se dio cuenta de que no sentía ninguna excitación siquiera cercana a golpear su saco, pero aquella promesa de que podría algún día golpear todos los sacos del mundo la emociono, por lo que a pesar de su poco interés, Sasha entreno con arduo trabajo y combatió con una incontable cantidad de contrincantes. Mujeres de todos los tamaños, de todas las formas e incluso hombres, peo ninguno era siquiera capaz de aguantar un mísero golpe.
Sasha se convirtió rápidamente una leyenda del mundillo, cosa que le traía sin cuidado, ella solo quería el saco. Contratos millonarios, publicidades, promociones, promesas, todo tipo de personas trataron de llegar con Sasha, pero esta solo quería golpear su saco...
Y un día, después de mucho tiempo, Sasha había conseguido lo que quería, un almacén entero de miles de sacos de boxeo para golpear sin fin. Era tanta la emoción que sintió en aquel momento, todo debido a que por deseo de que lo que sintiera cuando llegara el momento fuera mejor, había decidido dejar de usar su saco por cinco años, para poder algún día sentir la excitación que solo un dios podría sentir. Y allí estaba, Sasha estaba en frente de miles de sacos y sin mas demora comenzó a golpear...
Y golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear, golpear y golpear...
Pero paso algo que Sasha no tuvo en cuenta, algo que ni en un milo de años se le hubiera ocurrido. Sasha golpeo los sacos incontable y a pesar de que aquello debía ser el jubilo mas grande que sintiera en su vida, lo mas grande y hermoso que su existencia pudiera alcanzar jamás o lo mejor a lo que podría aspirar en toda su estúpido existir...
Sasha no sentía nada... Absolutamente nada al golpear aquello sacos. En un principio había pensado que era culpa del primer saco, por lo que paso al siguiente y luego al siguiente, al siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, siguiente, pero sin importar cuantos golpeara, no era capaz de sentir nada. Sasha tardo meses golpeando todos los sacos que tenia y ninguno llegaba a mínimamente satisfacerla o al menos hacerla sentir algo...
Entonces Sasha se dio cuenta que lo único que podía traerle felicidad era su saco, su único y especial saco...
Por ello, Sasha volvió al lugar, a aquel gimnasio después de tanto tiempo, pero para su desgracia, el saco ya no existía. El saco se había esfumado, desaparecido, Sasha casi entra en pánico cuando vio aquello, fue tanto su desespero, que casi mata por accidente a aquel hombre viejo dueño del local, tratando que le contara donde estaba el saco. Este le había dicho que había botado el saco en un basurero de la ciudad, por lo que Sasha corrió lo mas rápido que puedo en su saco, claro, solo hubo un problema, el hombre no le dijo cual basurero y por culpa de aquello, Sasha paso meses buscando.
Esos meses fueron la mayor totora de Sasha en su vida, la desesperación, el dolor, las pesadillas que tenia cuando no buscaba, Sasha perdió peso, perdido masa muscular y fuerza en sus puños, ya no combatía porque no sentía que nada en la vida tuviera sentido si su saco no estaba con ella. Y después de meses y meses, Sasha logro encontrar el saco, que se encontraba tan n***o y sucio como alguna vez lo había dejado en aquel estúpido gimnasio.
Sasha llevo su querido y mas grande tesoro a su casa que en aquellos momentos era una mansión que estaba básicamente vacía. Lo llevo a su gimnasio personal, el cual desmantelo y destruyo para dejar todo el espacio que pudiera a su saco, no necesitaba ninguna otra cosa. Sasha colgó el saco en la cadena que daba al techo con fuerza y sin mas dilación, comenzó a golpear una vez mas...
Pero una vez mas, Sasha no sintió nada... Entonces Sasha rompió en llanto, al darse cuenta de que tal vez, nunca podría volver a sentir la felicidad de golpear, la falcidia de querer seguir viviendo otro día por algo que amaba y deseaba con todas sus fuerzas...
Sasha golpeo el saco con todas sus fuerzas mientras que lloraba de la misma forma, este se rompió en varios pedazos causando un estruendo en todo el enorme saco. Sasha se arrodillo al suelo desesperada y perdida, porque ya nunca jamás volveria a encontrar su camino.
Sasha finalmente, se dio cuenta de algo que nunca había pensado, el saco se había roto y su relleno se rego por todo el cuarto, pero este relleno no era de arena u otros compuestos como la mayoría de los sacos...
Este era de papas...
Sasha no supo que pensar sobre eso...