CAPÍTULO 30

6371 Palabras

Como ya era de esperarse, el turno para la revisión del yeso de mi brazo llegó. Y qué más oportuno que un lunes a la mañana. La verdad es que no me importa qué día, el problema es que odio levantarme temprano. Es algo que no puedo hacer, no porque no quiera —aunque tampoco quiero— sino que mi sistema no funciona a esas horas de la mañana. Puede ser que a las once o doce sí, pero no antes. No sé cómo hacía yo para levantarme e ir al instituto sin caerme de bruces al piso en el camino. Por lo que, cuando el despertador de mi celular suena a las ocho de la mañana, me levanto aún con los ojos cerrados y me dirijo al baño para bañarme. Hago un esfuerzo enorme por abrir un ojo y ponerme una bolsa para cubrir el yeso antes de meterme debajo de la ducha. Confío en que el agua fría me despejará el

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