El fuerte llanto de su cachorro la despertó con una sonrisa, el que su bebé llore con tanta fuerza la hace feliz porque puede escucharlo a la perfección. A pesar de que ambos han pasado semanas difíciles, tenerse uno al otro apacigua todo lo que sus corazones sienten, aunque no sea suficiente. Al ver a ese pelinegro con ese mechón blanco sonrió un poco más, ¿Cómo es que pudo odiar a su bebé? Ese pensar como siempre la torturó y la culpa la agobió, pero recordando que ahora lo da todo por su cachorro, lo tomó en brazos y le rellenó la carita de besos hasta que su hijo gruñó de malhumor. Incluso el temperamento lo sacó a su padre, ¿No podía ser su bebé más comprensivo como ella? Su pensamiento la hizo sonreír. No sabe a lo que está jugando la Diosa, pero por alguna razón su hijo salió exac

